En directo | Concierto de la escuela Menudo Magistralia
27 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Música clásica y diversión durante diez días. Los chavales que participaron en la escuela de verano Menudo Magistralia durante este verano, clausuraron ayer las actividades con un concierto en la Fundación María José Jove. Entre los 49 intérpretes, de entre 5 y 11 años, había catorce niños de la Unidad de Atención Temprana y Estimulación Precoz del Materno Infantil. En el patio de butacas, los padres llenaron el salón de actos. Ellos y las cámaras de fotos, que no pararon de captar cada movimiento de sus hijos. En el escenario, caras para todos los gustos. Desde el más tímido, en discreto segundo plano, que no parecía estar dispuesto a mostrar sus dotes como bailarín o trompetista, hasta el envalentonado que va para solista, y que se atrevió a destacar con la voz por encima de sus compañeros. En el recital hubo tiempo para todo. Desde piezas musicales con flautas hasta bailes de salón, pasando por canciones populares. También hubo variedad en las actividades del campamento, puesto que los niños visitaron el Acuario, comieron en la playa y recibieron clases de música mañana y tarde durante diez días. Para Camino Sofía de la Guerra, presidenta de la Fundación Magistralia, el objetivo de las actividades del curso es «mostrar que la música clásica es divertida para todo el que se acerque a ella». La preocupación de varias familias por la falta de cultura musical de sus hijos motivó la creación de este campamento, que por primera vez sale de Asturias, sede de la fundación. «Galicia lo tenía todo para convertirse en el centro de estas actividades de verano, ya que cuenta con una orquesta fantástica y un director maravilloso», explicó De la Guerra. Concluida la actuación, los pequeños intérpretes corrieron a reunirse con sus padres, aunque no todos con la misma ilusión. Los monitores también se despidieron de sus alumnos. «Dani, me has hecho adelgazar dos kilos estos días», comentaba entre risas una de ellas. Los niños vinieron de muchas partes de España, y también del extranjero. La presidenta de la fundación resumió su alegría en una anécdota protagonizada por una niña que venía de Inglaterra, que tras recibir el diploma se puso a llorar desconsoladamente: tocaba volver a casa.