Reportaje | Anecdotario del aerostato más famoso de Galicia El primer globo se lanzó en mayo de 1814, aunque el artefacto actual se diseñó en 1875. Desde entonces, surca el cielo de Betanzos cada San Roque
25 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?ratándose del globo de papel más grande del mundo, sostienen los betanceiros, su estela no podía ser menos gigantesca. Los lugareños lo escriben en mayúscula, el Globo, como lo es un lanzamiento que ha cruzado ya tres siglos. Los años y el empeño de una ciudad han hinchado la historia en devoción y la amenaza de no volver a repetir un rito -su elevación en San Roque lo es, y de qué manera- ha sublevado ánimos. Inconcebible resulta para la parroquia volar de un plumazo lo que, de generación en generación, se ha repetido cada 16 de agosto desde hace 130 años. Al menos. Porque la historia del globo más famoso de Galicia viene de antes. Fue en 1814, y no en agosto, sino en mayo. Un aerostato fue la ingeniosa forma de conmemorar la derrota de las tropas de Napoleón y la vuelta del rey Fernando VII. Aunque no fue hasta 1875 cuando Claudino Pita (abuelo del ex conselleiro Jaime) diseñó el ingenio que se conoce en la actualidad. Desde entonces, la familia Pita dirige su cuidada y precisa elaboración con 1.500 pliegos de medio metro de papel común, pegados con 50 kilos de engrudo de harina de centeno. ¿El resultado? Casi 200 kilos de peso, 25 metros de alto y 50 de diámetro que se elevan calentados por un fuego que se enciende a la medianoche del día de San Roque con paja de centeno y papel impregnado de aceite y con dos mechas de 15 kilos de guata, hilas y gasolina. Así ha sido siempre. Bueno, salvo en dos ocasiones. Que se sepa. Una fue en 1963, cuando un fallo humano impidió que se levantase de la torre de Santo Domingo al no desprenderse la cuerda que lo amarraba. La siguiente fue en 1970, por un conflicto de la corporación municipal. La constancia parece ser uno de los secretos de un artefacto que ha generado cierto aire legendario. Correr tras él, una vez elevado, es una tradición que se ha perdido. Pero todos siguen pendientes de dónde va a caer. La tradición oral popular llega a contar que, en una ocasión nunca determinada, llegó hasta Gran Bretaña. Mucho de ilusión hay en torno a la travesía del globo, como la hubo también en 1978, el único año en que se recuperó intacto y se decidió enviarlo al Centro Betanzos de Buenos Aires para que se relanzase allí ante un millar de personas. No fue posible, la aduana de Videla lo confundió con un artefacto de espionaje. Al abrirlo, los agentes descubrieron una viñeta del dictador que complicó aún más las cosas. Los más viejos del lugar conservan el particular anecdotario de un vuelo que, cada año desde hace demasiados, siguen más de 50.000 espectadores y ha cautivado a otros ingenios de la pluma. Si Arrabal o John Berger lo alabaron, Cunqueiro llegó a relatar una fantasmagórica visita de los hermanos Montgolfier para felicitar a los Pita. Los primeros construyeron, en el XVIII, el primer globo aerostático. Los segundos, un pedazo de historia. En papel.