HERCULÍNEAS | O |
02 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LO VI en un documental de la 2: a una ballena le tocó morir buceando junto a una de esas fosas abisales que hay mar adentro, y cuando las cámaras llegaron a grabarla ya sólo quedaban los huesos. «En las profundidades marinas, en la más absoluta oscuridad, el alimento no abunda y las situaciones extremas del medio marino han producido extraños animales adaptados a ese mundo», decía serio el comentarista mientras aparecían bichos con bombillas en la cabeza y unos colmillos como los de un dientes de sable. Las situaciones extremas del medio marino han producido extraños animales. Pensé en ello mientras me quedaba abraiado mirando las fotografías de una parte del lecho marino de la ría coruñesa, de un negro impecable. Marino por llamarle algo, porque parece uno de esos áridos paisajes volcánicos islandeses o el decorado de una película de Tim Burton. Según las cifras oficiales, del 40% de la ría -en el otro 60% es donde curran las mariscadoras- no se pueden sacar berberechos porque en vez de arena sólo hay contaminación. Salen mutantes. Con bombillas y colmillos, pendientes de cualquier incauto para, como a la ballena, dejarle en los huesos. juan.gomezaller@lavoz.es