El cachas

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

22 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CON LOS calores de agosto volverá a pisar Riazor el cachas de la playa, esa especie en peligro de extinción ante el avance imparable de lo metrosexual, que no es otra cosa que llevar lo políticamente correcto al terreno de la carne. El metrosexual se depila las pantorrillas, e incluso las cejas y los sobacos, para no ofender al otro sexo, que ya está hasta los ovarios de rasurarse y pide igualdad de pelos. El cachas, a pesar de su culto al cuerpo, no es metro. El cachimén que todos los veranos saca bola sobre la arena es en realidad un tío que siempre va de chándal, al que se le nota el chándal puesto aunque sólo lleve encima un tanga marcapaquetes. El hombretón no entiende que sudar en público es de mala educación y, después de copular durante horas con los artefactos del gimnasio, se va a Riazor, esquina de la Rotonda, para hacerse unas flexiones y unos abdominales delante de las nenas, que prefieren morrear con unos novios imaginarios que las magrean con mensajes al móvil. El musculoso deportista, que no es más que la versión 2005 del forzudo circense, ignora la réplica que un día soltó el zoólogo Gerald Durrell a un taxista que le daba la turra con no sé qué partido de fútbol o de rugby: «El único juego de pelotas realmente divertido es el sexo». luis.pousa@lavoz.es