HERCULÍNEAS | O |
08 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.MOLABA la Fura dels Baus en los años ochenta, cuando ejercían el sano arte de la transgresión en un país asombrado por unas performances que, por ingenuas, harían sonrojar al gran Joseph Beuys, y que en los subterráneos de Nueva York ya olían a naftalina. En sus espectáculos, antes de convertirse en teatreros de salón, te arriesgabas a que un actor te escupiese en la jeta o a que te persiguiera con una motosierra. Así de provocadora era la Fura hasta que llegó 1992 y la apertura televisiva de los Juegos de Barcelona disparó su facturación anual. Allí nació la empresa Fura dels Baus, que patentó unos montajes clónicos en los que siempre hay un tipo colgado de un alambre (aunque sea una soprano interpretando a la Reina de la Noche en la Flauta Mágica de Mozart) y cuerpos desnudos amontonados entre unos andamios. La Fura se ha pasado por A Coruña, ha montado una pataleta por no sé qué lío con un muelle y se ha pirado a otro puerto con su franquicia, perdón, con su teatro. Menos mal que Madrid no ha logrado organizar los Juegos Olímpicos del 2012, porque a ver quién nos libraba de la enésima ceremonia inaugural de los furados con sus posmodernos gigantes y cabezudos desfilando por el estadio de la Peineta. luis.pousa@lavoz.es