Entrevista | César Longo Queijo Ha decidido que a los 65 años se jubilará y dejará su cargo de regidor. Mientras tanto, seguirá luchando por conseguir un mayor bienestar para los vecinos, con la ayuda de «un gran equipo»
30 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Es mediodía y César Longo, alcalde de Paderne, atiende a unos vecinos y organiza su agenda con sus más directos colaboradores. Nos recibe en su despacho, una estancia luminosa, de muebles modernos, con cortinones color crema y visillos blancos. En su mesa, muy pocos papeles, lo que parece indicar que es una persona ordenada, una pantalla plana de ordenador, programas de la feria de Paderne y una bola del mundo. Además de las banderas, detrás justo de su mesa, varios muebles con cerámicas, una estantería con archivadores y libros, donde tiene también placas y trofeos, además de una patata en forma de bota, vieja y arrugada ya germinada y un ajo macho. «Eu non creo nesas cousas, pero a xente as trae e eu as gardo», nos dice. César Longo es un buen conversador. Habla con convicción y no elude ninguna pregunta. Es claro y rotundo en sus respuestas, sabe perfectamente lo que quiere y valora el gran trabajo de su grupo municipal. «A mi equipo habría que hacerle un monumento -añade-, no solamente porque son leales y trabajadores, sino porque son capaces de crear, de discutir, de defender sus puntos de vista, y luego de llegar a acuerdos, que siempre llevamos adelante». Lejos queda aquel año 1983, en el que un día, lavando su coche, se le acercaron un grupo de vecinos para pedirle que fuese candidato por Souto, su parroquia. Ahora tiene dedicación exclusiva, «porque un pueblo no entiende que el alcalde haga otra cosa, sino resolver, en todo momento y a todas horas, sus problemas y atender sus necesidades», nos dice. «Hasta tal punto es así -continúa- que lo primero que hice cuando llegué a la alcaldía, fue comunicar por carta mi teléfono móvil, que es el de todos los vecinos». -Es decir que la puerta de la alcaldía está siempre abierta. -Por supuesto, porque entiendo que si el problema es grave para un ciudadano, es también grave para mí. Pero es que, además, como ocurre en un municipio pequeño, donde más demandas recibo es en la calle, porque es en ese entorno donde también mis vecinos tiene más confianza y pueden explicar mejor sus inquietudes. -¿La que no estará tan contenta es su familia? -Mi familia lo lleva con comprensión y mucho sacrificio, algo que yo valoro infinito aunque, en ocasiones, es difícil hacerle comprender a un hijo el por qué sus amigos pueden, por ejemplo, trabajar temporalmente contratados por el Ayuntamiento y él no. -¿También es comprensiva la oposición? ¿Cómo son sus relaciones? -Quiero decir que tenemos la suerte de que, cuando se tratan cuestiones relativas al bienestar de Paderne, tanto ellos como nosotros, llegamos siempre a acuerdos satisfactorios, porque entendemos que es una labor de todos. Cuando se trata de cuestiones de partido, sí que tenemos discrepancias. De cualquier forma, quiero matizar que gobernar es optar, elegir, decidir sin que te tiemble el pulso al hacerlo, y nosotros nunca escondemos la cabeza debajo del ala. La política es como la vida misma, y la gente quiere políticos decididos. -¿Por eso llegó a la alcaldía? -El pueblo nunca se equivoca, y los vecinos veían cómo se gobernaba. Es posible que no se hiciera lo suficientemente bien, porque, contando con Xunta, Diputación y Gobierno central, se perdió la oportunidad de poner a este Ayuntamiento en la vanguardia de Galicia. La gente vive de realidades y ahora ven cómo avanzamos, cómo mejoramos el nivel de vida, cómo tienen cubiertas sus necesidades. Por eso fuimos la lista más votada en la historia de Paderne. -Es decir, que hay alcalde por mucho tiempo. -En principio, eso depende de los vecinos, porque es muy difícil dejarlo cuando ellos te piden que sigas. De cualquier forma, con la lentitud de la Administración creo que, como mínimo, son necesarias tres legislaturas para hacer un auténtico diseño del municipio que queremos. Lo que sí tengo claro es que oxigenar es siempre bueno y que la alternancia es necesaria. Si no se hace es porque no hay recambio o porque se tiene un afán de poder muy grande, y esto no sucede en mi caso. Y aunque me guste el contacto con la gente y disfrute de esa gratificante sensación que siento cada día, pensando qué puedo hacer por mi pueblo, tengo decidido que a los 65 años me jubilo.