El recuento de nunca acabar

R. D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: XOSÉ CASTRO

Crónica | Noche electoral en la Audiencia Provincial Cansancio, mucho cansancio, en la jornada maratoniana de escrutinio del voto de los emigrantes. La junta necesitó 17 horas para cerrar el proceso.

28 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Medio Amazonas en papel, botellas de plástico vacías, muchas ojeras, bostezos, ojos irritados y dedos «casi sin puntas», como se quejaba una de las funcionarias en la Audiencia Provincial. «Los dedales sólo sirven para que las papeletas no se te cuelen de dos en dos; los sobres, hay que abrirlos», explicaba. Y es que el recuento del voto emigrante, en la era de Internet, sigue siendo materia artesanal. Feito a man , vamos. La maratoniana jornada comenzó el lunes, -«a las siete de la mañana estábamos aquí», explicaba Ángel Judel, presidente de la junta electoral y de las salas en las que se celebró el escrutinio-, pero no terminó hasta el día siguente. A las dos de la madrugada de ayer y con «todo decidido», se resignaba otro de los sitiados por las papeletas, en A Coruña se daban las últimas cifras. En medio, 19 horas para 40.000 votos. «No parecen tantos, pero hay que comprobar las certificaciones censales, abrirlos, colocarlos, contarlos y recontarlos». El voto, esa decisión personal y secreta, pasa por media docena de manos -al menos- antes de dar una alegría a algún partido. Porque los partidos -unos con mejor cara que otros- también cuentan y sus interventores o representantes custodian mesas y manos. Entre la baraja de cartas blancas, en la urna, un sobre en cuyo remite figuraba: «Fallecido el 29-4-04». Por supuesto, pasó al paquete de nulos junto con las otras anécdotas de la jornada, como la del que envió la mitad de la papeleta de extrema derecha y la mitad de la de extrema izquierda. Medio centenar de personas poblaban de madrugada la sección primera de la Audiencia. «Pero para currar somos menos, y menos que en Pontevedra con muchas más papeletas», se quejaba de cansancio otro funcionario. Como si de una contrarreloj se tratara, o de batir un récord, la intendencia fue campestre: bocatas para comer, merendar y cenar. Aunque hubo quien pudo hacer una escapadita al bar de la esquina. Que también, por supuesto, lo agradeció. Café de eléctrica, y electricidad a última hora. «Vamos, vamos, no recontéis más; si no cuadran, ya habrá tiempo para hacerlo», aceleraba uno de los jefes del equipo. «Somos como autómatas», comentaba otro. «Ya no siento la espalda», decía una tercera. Después, aún quedaba recoger papeles para llenar 25 urnas, pero varios contenedores. Y volver a la carga ocho horas después, para las actas de todas las mesas. «Menos mal que nos pagan», comentó alguien al final. «No, menos mal -se oyó contestar-que esto sólo pasa cada cuatro años».