Reportaje | A Coruña en la época romana La habitaban funcionarios que comían cerdo y que jugaban con fichas de cerámica
21 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?l hallazgo de una lápida funeraria datada entre finales del siglo II y principios del III acaba de acreditar la importancia del puerto romano de A Coruña, hasta ahora no avalada por la arqueología. ¿Cómo era la ciudad en aquella época? Fortunatus, el hombre que pagó esa lápida, es un buen representante de aquel pequeño núcleo romano, «el único existente en la mitad norte de la Gallaecia occidental, la salida natural al mar de las tierras del convento lucense, especialmente de su capital, Lucus Augusti», escribe Fermín Pérez Losada en el volumen 13 de Brigantium , el boletín del museo Arqueológico de A Coruña. Fortunatus era un exactor , un cobrador de impuestos. Se supone que trabajaba en la statio portorii , en la oficina aduanera. Según Pérez Losada, el espectro social de la ciudad estaba formado por «inmigrantes de fuera de la Gallaecia, funcionarios celosos de su romanidad frente al ambiente indígena de la región». No se descarta que antes hubiese pobladores autóctonos, pero si existieron fueron rápidamente romanizados. En aquella A Coruña los sectores primarios y secundario eran «irrelevantes». Giraba en torno a su puerto, que era de escala, de paso, en la navegación atlántica. Como apunta este experto, «el Golfo Ártabro es conocido y frecuentado por navegantes romanos ya desde mediados del siglo I a.C.» en el que, «como mínimo desde el siglo II, existe un importante núcleo de población». «Importante» para la época, pues sólo tenía entre 6,5 y 7 hectáreas de superficie. Pérez Losada apunta la posibilidad de que a Brigantium llegase por tierra desde Lugo (Lucus Augusti) «la importante producción aurífera de las sierras orientales gallegas», que después saldría hacia Roma vía marítima. ¿Dónde estaba ubicado el lugar de trabajo de Fortunatus? ¿Dónde estaba el puerto? Tradicionalmente se ha dicho que en la desaparecida playa de O Parrote, es decir, bajo las actuales instalaciones de La Solana. No hay pruebas de ello, sólo los testimonios de marineros que, antes de que se realizase esa obra, aseguraban haber visto bajo las aguas una especie de espigón. Pérez Losada descarta esta opción y sitúa el hipotético puerto en el este de la actual Dársena de la Marina. No era A Coruña romana un centro importante de consumo, supone este investigador. Tampoco ejercía un papel relevante como redistribuidor de bienes cara a las tierras del interior de la Gallaecia. Sí tenía una relación estrecha, a través del istmo en el que después se levantó el barrio de la Pescadería, con el «agropecuariamente rico valle de Monelos» y también, «mediante una relativamente tupida red de vías», con toda la comarca de As Mariñas. Concluye Pérez Losada que Brigantium era «la capital comarcal socioeconómica». A excepción del hipotético puerto y de la torre de Hércules, no existe ningún indicio directo de edificación pública importante. La estructura arquitectónica más singular de la que hay constancia es «una villa romana que había donde ahora se está construyendo la Fundación Caixa Galicia», detalla José María Bello, director del Museo Arqueológico. Tampoco hay indicios de elementos de infraestructura urbana, como saneamiento y calles, de A Coruña romana. ¿Qué comían? Bello apunta que han aparecido «numerosos restos de cerdo e importante proporción de vacunos». «La importancia del pan y de otros derivados de los cereales se comprueba por la gran cantidad de molinos circulares manuales aparecidos», añade. También se alimentaban con pescados (maragota, sargo, merluza) y mariscos (ostra, lapa, mejillón, mincha, vieira y zamburiña). Para el tiempo de entretenimiento, hacían «dados de hueso y fichas de juego de cerámica». Con el fin del imperio romano en Occidente (476), Brigantium prácticamente desaparece. Cuando vuelva a ser mencionada en los textos, en el siglo IX, reaparecerá «como aldea o lugar rural».