HERCULÍNEAS | O |
14 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.MINISTROS y opositores han descubierto, una vez más, la penicilina. Estos Fleming de nuevo cuño se han asomado a la ventana metalizada de sus dúplex de lujo para escudriñar la realidad y averiguar que hay seres humanos que no tienen un vestidor de cien metros cuadrados para poner las zapatillas y los calzones a dormir por las noches. Se han topado estos sesudos políticos con que en el planeta Tierra se apoquinan 6.000 euros (un kilito, vaya) por metro cuadrado y que, con esas cuentas, hay quien sólo tiene suelto en el bolsillo para una condena de 30 metros, 35 años y un día. Al pisito o apartamento de toda la vida lo apodan ahora loft , que mola más porque suena neoyorquino y parece que en lugar de en Monte Alto uno vive en el bohemio barrio del Greenwich Village. Al loft le han atizado de lo lindo estos días por culpa de la ministra de Vivienda, que se ha apuntado a la receta vanguardista de menos es más y ha desatado la ira de los dioses. A la buhardilla de diseño de Trujillo le han llamado de todo en los papeles: madriguera, guarida, cuchitril, zulo, celda, nicho y hasta seta de los pitufos. La bronca mediática del pisito prueba que, después de tantos años de palabrería, resulta que el tamaño sí que importa. Otro mito que se derrumba. luis.pousa@lavoz.es