Cinco horas de brazos cruzados

Bea Abelairas
Bea Abelairas A CORUÑA

A CORUÑA

Muchos comerciantes amenazan con reclamar las pérdidas a Fenosa por las horas que estuvieron cerrados Los restaurantes del entorno de Alfredo Vicenti no pudieron ni abrir

15 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?Esto es una vergüenza, llevamos desde las nueve de la mañana viendo cómo se nos van los clientes», exclamaba ayer al mediodía un comerciante de la calle Alfredo Vicenti, el epicentro del apagón. A su lado, los empleados de un supermercado llevaban el paro forzoso con más resignación. «Las cajas registradoras no funcionan, ni las pesas, ni los corta fiambres, no podemos hacer nada de nada», explicaban, mientras el encargado recordaba que los congelados y otros muchos productos podrían echarse a perder. Una preocupación que tuvo en vilo a gran parte del millar de afectados. «En Fenosa nos dicen que nos lo descontarán en el recibo, pero no se trata de eso, sino de los trastornos y pérdidas que nos están causando», reclamaba una mujer. Rosa Vilariño García se proclamaba como una de las más afectadas. Posee un comercio, Manitas, que estuvo a oscuras, y vive en una de los edificios que se quedó sin luz. «No he podido recibir pedidos y tampoco comer en mi casa. Para colmo han estado trabajando ante mi tienda con un ruido ensordecedor y por la tarde tengo operan a mi madre ¡No sé cómo voy a llegar!», suspiraba presa de los nervios. Los empleados de una surcursal bancaria afectada se lo tomaban con más calma y recibían a los clientes en la puerta. «No entre, que no se puede hacer nada de nada, ni los ladrones, porque la cámara blindada está bloqueada y no se puede abrir», alertaba una empleada. Los restauradores Los responsables de los numerosos restaurantes de la zona del Ensanche fueron si cabe los que menos esperanzas albergaron de recuperar parte de la jornada laboral. «Nosotros teníamos todas las mesas reservadas y no hemos podido ni abrir la verja», explicaba un camarero del restaurante El Manjar. José Manuel Muñíz, el dueño del mexicano Tamarindo, en la calle Pondal, hacía ver su enfado. «Hemos llamado a Consumo y a Industria y nadie nos da explicaciones de qué podemos hacer», explicaba.