Testimonio | Una mujer con diez años de síntomas
09 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ieves tiene 51 años. Hace diez le cambió la vida. Y no sólo porque perdió su empleo por una enfermedad a la que nadie sabía darle un nombre. «Trabajaba desde los 15 y estaba acostumbrada a luchar, nunca había tenido nada... esto rompió mi modo de vivir», dice. Vendedora, ocho horas de pie y dos hijos fueron la excusa perfecta para que el médico de empresa «sin levantarse de la mesa», puntualiza, le diese la primera baja por estrés ante los primeros dolores, los primeros mareos... Después vinieron más. «Una vez, estuve 17 días, 17, sin poder mover las piernas», recuerda. «Los médicos no sabían decirme lo que tenía: gripe, jaqueca, ciática... Y digo los médicos porque pasé por siete en menos de dos años». Fue entonces cuando escuchó por primera vez la palabra fibromialgia. Algo que, en ese momento, ella misma explicaba como «un tipo de reuma». «Si tienes una hernia, te operan; si tienes fibromialgia, te mandan para casa a que aprendas a vivir con el dolor», resume de su peregrinaje sanitario. Porque visitó casi todas las especialidades, incluida la psiquiatría. «Me dijo -concreta- que yo no necesitaba ir a un psiquiatra». Porque Nieves conoce de cerca la depresión. «Te duele todo y todos los días; hay veces que es inhumano lo que llega a dolerte». Pero cree que lo malo ya no es sólo sufrir. «En la Seguridad Social esta enfermedad es tabú -se explica-, creo que deberían tener un equipo sólo para poder quejarnos, para que nos escuchen, porque sientes que nadie te comprende, nadie te hace caso». Y es que la cosa no mejoró con ponerle nombre al mal. Paradojas de la medicina, desde que fue diagnosticada, «esta enfermedad es como un cajón de sastre, cabe todo». Tanto que sufrió varios cólicos achacados a ese conjunto de síntomas. Hasta que la tuvieron que operar de urgencia para extirparle la vesícula. «Ya no te creen; por desgracia -lamenta- la fibromialgia no es excluyente, puedes tener además otras cosas». Lo dice Nieves por experiencia propia. Pasada y presente: «Se me están deformando los dedos de las manos, y también dicen que es por lo mismo, pero sé que no, porque no es degenerativa». Habla de su herramienta de trabajo, porque el paro le dio la oportunidad de aprender a usar el ordenador que ahora maneja en su nuevo puesto a jornada reducida. «Soy consciente de que no aguantaría un día completo, pero quiero trabajar. Yo, por ahora, no me siento incapaz. Me siento dolorida».