Monjas del asilo de Eirís reclaman la casa de una mujer a la que cuidaron

S. Basterrechea A CORUÑA

A CORUÑA

Alegan que el hijo no cumplió el testamento, que lo obligaba a vivir con su padre para heredar El demandado asegura que era su progenitor el que le impedía entrar en la vivienda

07 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que en el 2001 se vieron envueltas en la polémica del asilo de Adelaida Muro, llevaron ayer al juzgado de primera instancia número 7 al hijo de una mujer enferma de alzhéimer a la que cuidaron hasta que falleció, en 1994. Las monjas han denunciado a Jorge A.?B. por inclumplir el testamento de su madre y quedarse con la casa que ella les había legado. El testamento de la mujer tenía una cláusula: para que su hijo pudiese disfrutar de la propiedad, situada en Santa Cristina (Oleiros), debía vivir en ella con su padre y permanecer allí durante diez años. De no ser así, la casa iría a parar a las monjas que la habían atendido en los últimos años de su vida. Las religiosas aseguran que Jorge A.?B. incumplió las instrucciones de su madre, ya que no llegó a convivir con su padre, y por ello le reclaman el inmueble, que el demandado heredó cuando falleció su progenitor, en 1996. Trabajo en Oviedo Jorge A.?B. aseguró que desconocía el contenido del testamento y que, aunque lo hubiese sabido, no habría sido posible cumplir el deseo de su madre: desde 1975 vivía en Oviedo, donde estaba la fábrica de la empresa familiar, de la que era director, y su padre le prohibía la entrada en la casa de Santa Cristina. Las relaciones entre ambos se habían roto en 1990, cuando el hijo apoyó el cese del padre como consejero delegado de la empresa. «Desde que él murió -manifestó- me he hecho cargo de la casa. Voy los fines de semana y en vacaciones y, si puedo, entre semana». Sin embargo, el abogado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados insistió en que Jorge A.?B. conocía la cláusula del testamento, no porque se lo comunicase su padre tras la muerte de la madre, sino porque ésta le había enseñado una copia. «Lo que no es lógico es que el padre le diga algo que le favorece cuando estaban enemistados. Fue su madre quien se lo dijo», señaló. «Si optó por trabajar en Oviedo y no seguir lo dispuesto por su madre, la consecuencia era que la casa se la dejaba al asilo», añadió. El letrado de Jorge A. B. aseguró que su cliente puso todos los medios a su alcance para ir a la casa, pero que su padre se lo había prohibido. Además, recordó que, antes de fallecer, el progenitor lo nombró heredero de la propiedad «a cambio de que votase a su favor en las decisiones de la empresa».