Razones para un hermanamiento

María Consuelo Mariño A CORUÑA

A CORUÑA

Reportaje | Unión entre ciudades Cádiz y A Coruña afianzaron su relación con su apuesta decidida por iniciar la implantación del liberalismo en todo el territorio español

16 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?stos días en que, con tanto entusiasmo político, se habla de los muchos motivos existentes para que Cádiz y La Coruña se hermanen, no estará de más señalar también las razones históricas que avalan esta pretensión cuyas raíces pueden insertarse en los vaivenes absolutismo-liberalismo-absolutismo, en que se vio inmerso el reinado de Fernando VII. La Coruña, la ciudad cuna del liberalismo gallego, se sintió gemela de Cádiz desde los comienzos de esta ideología que dio a la ciudad su sello de modernidad, y que había nacido a la sombra de la Ilustración y recibido su espaldarazo legal en las Cortes de Cádiz. Como en los cafés de esta ciudad andaluza, en los coruñeses León de Oro, Plaza de San Jorge y, más aún, en el controvertido de La Esperanza, situado en la calle Real, se discutía de política y sus parroquianos, comerciantes sobre todo, estaban al tanto de las noticias políticas innovadoras que, provenientes de Madrid y de otras ciudades españolas e inclusive del extranjero, llegaban a esta capital del Reino de Galicia, por pintorescos medios muchas veces. Las celebraban con regocijo, con rondas de ponche, con música y también con cohetes. Don Juan Antonio de la Vega o don Pedro de Llano costearon algunos de estos convites. En los cafés y en las casas de los comerciantes se fraguaron los pronunciamientos a favor del liberalismo que, en La Coruña, protagonizaron dos militares de prestigio, Porlier y Acevedo, contando con la inestimable ayuda económica de la burguesía comercial, tan duramente castigada en las etapas absolutistas del reinado del Fernando VII, pese a la indudable generosidad con que había tratado de paliar el hambre y la penuria económica que asolaron la ciudad tras la Guerra de la Independencia, a cuyo éxito también había contribuido. Mito Juan Díaz Porlier tenía todas las características de un héroe romántico y, todavía hoy, se le considera el mito por excelencia del liberalismo coruñés. Prisionero en el castillo de San Antón, solicitó en el verano de 1815 un permiso especial para ir a tomar las aguas al cercano balneario de Arteixo y residir, durante su cura, en la casa de campo que la familia del comerciante Rojo de los Ríos poseía en el lugar de Pastoriza, precisamente en donde hoy está instalado el restaurante Pazo de Villariza, en el que la proliferación de sables como motivo decorativo, recuerda a este militar liberal, nacido probablemente en Cartagena de Indias en 1778, de buena familia y aureolado por sus éxitos militares en la guerra contra los invasores franceses. No podía intuir el Marquesito, como se le llamaba por suponerlo hijo natural del marqués de la Romana, que su distintivo militar iba a servir de reclamo gastronómico. Allí, se reunió con otros militares y con civiles adictos a su ideología, entre ellos los comerciantes citados y el propio dueño de la casa, que le brindaron apoyo económico para el levantamiento contra el absolutismo, restaurado por Fernando VII a su regreso del exilio en Francia. Improvisación Fracasado este primer intento que tuvo lugar en septiembre de 1815, quizá por la improvisación con que fue organizado y su propia debilidad, ya que no contaba con la anuencia de ninguna autoridad superior, fue necesario esperar al 21 de febrero de 1820 para que La Coruña fuese no sólo el escenario de un nuevo pronunciamiento liberal, sino que, a decir de un gran número de historiadores, fue aquí donde se produjo el golpe decisivo para el triunfo del levantamiento iniciado en Cádiz el 1 de enero del mismo año, cuyo éxito hizo pensar en la posibilidad de consagrar ya definitivamente el sistema constitucional en España y aún en Europa. A partir de ese momento, la ciudad va a considerarse y a ser considerada como el segundo baluarte de la libertad española, dejando para Cádiz el primer lugar.