Crónica | Noche de carnaval en las zonas de movida Monjas en minifalda, guapas de pelo en pecho y barba, tenistas gritonas, diablos y diablesas. La calle Barrera rompió en la madrugada del martes todas las barreras
08 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.«Esto es demasiao. De monja se liga más». Habla Isabel Oliete desde el interior de su disfraz de troglodita. «El hueso de la cabeza me lo prestó mi perro», puntualiza. Isabel es una más de los personajes que se mezclan en la Barrera, una calle hoy (madrugada del lunes al martes) sin barreras. Corre el alcohol, pero con control. Control es también lo que ofrece Pablo, disfrazado de condón, que ofrece preservativos auténticos a la parroquia. «Dame uno, por si acaso», apunta Gonzalo, también de troglodita. La comparsa Maracos colapsa el cruce de las calles de vinos. Un grupo de azafatas con barba de tres días secuestran a los viandantes para convertirlos en sus parejas de baile. «Es una orden del comandante: ¡A bailaaarrr!», vocea una de ellas. «¡A jugar!», grita, y cómo grita, una de las varias Kournikovas que lucen muslos y gemelos en una noche «de mucho pelete». Sólo Os Tonechos se resisten al baile. Prefieren charlar con un grupo de marines. «Hacemos la guerra gratis. Por las fotos cobramos un euro, pero sólo a los feos», dicen a dos vampiresas. Ahí viene una cuadrilla de toreros. «¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!», corean unos mozos perseguidos por un carrito de supermercado que hace de victorino. La comparsa pamplonica sube y baja La Barrera para sacudirse el frío. Una vaquera cansada de esperar su turno de copeo trepa a la barra de un local en plan chica Coyote. Gonzalo pone la broca -intenta ligar- con una clon de Cat Woman. La gata se le resiste. «Será que no le gusta mi disfraz», se consuela el australopitecus.