HERCULÍNEAS | O |
11 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.YA ESTÁ. Se acabó. Es 12 de enero y de las navidades apenas si quedan algunas luces que adornaron las calles. Hemos vuelto al cole, al trabajo, y pensamos ya en las vacaciones del verano que ha de llegar. Menos mal. Pasó el mal trago, pasaron las sonrisas forzadas y el champán bebido con calzador. Pues no. No estoy de acuerdo. No estoy con quienes se pasan las fiestas amargándonos el café. Estoy con la Navidad, con los Reyes, con los 300 niños que salieron en cabalgata desde el Ventorrillo, con los mensajes de móvil, con el niño Jesús, con el color rojo, con la Nochebuena en casa, con el Fin de Año. Sin ser tampoco un fanático, y admitiendo que Papá Noel sobra un poquito, estoy también con las uvas, con el papel de regalo, con el año nuevo en Betanzos, con los langostinos en casa de mamá y el besugo de la suegra, con el puro de la paz, con el árbol de Méndez Núñez y con las tarjetas que se amontonan en mi escritorio. Con todas las cosas que, en fin, quedan para la pequeña historia de cada uno. Se acabó. Ha vuelto la normalidad, el día a día de nuestro calendario. Pero estamos de suerte en este 2005. Antes de que nos demos cuenta, antes incluso de que pase un mes, ya tendremos puestas las caretas del carnaval. ramon.castro@lavoz.es