HERCULÍNEAS | O |
25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.A PARTIR de ahora voy a ser chula, borde, altanera y muy displicente. Es que verán, yo creía que era mejor pedir las cosas por favor, sonreír cuando se solicita algo y, fíjense qué tontería, pedir perdón por una equivocación. Pero he descubierto que eso no vale. Es más, resulta que en los sitios más «elitistas» es donde la bordería parece más necesaria. Si un abogado te cobra dos veces la misma factura, la culpa es tuya (juro que me pasó eso gracias al surrealismo de Telefónica); o si un médico te dice que se retrasa tu operación (estás en bata y en ayunas, por ejemplo), le parece mal que pongas cara de sorpresa. Uno y otro te sueltan eso de «mire, señora» y entonces a mí me dan ganas de decir: «¿Señora? No, imbécil, llámame imbécil directamente, písame el pie, empújame y termina con un 'muérete', no emplees eufemismos». Para ser sincera, que a mí una petarda me conteste con cara de «qué pesada», por muy licenciada que sea (yo lo soy y no veo gran mérito en ello) me importa un pito. Pero lo que no aguanto es ese tipo de miradas hacia la gente mayor, sobre todo si tiene un aspecto humilde. Parece mentira que a estos profesionales les hayan enseñado a pensar y no puedan concluir que no se debe juzgar a nadie por su apariencia.