Atasco asegurado

Elena Silveira Dolores Vázquez A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

En directo Entrar y salir de A Coruña en hora punta es una misión casi imposible. Cuatro periodistas de La Voz viven en sus carnes la epopeya diaria de miles de conductores

06 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

? las ocho y media de la mañana miles de personas conducen sus vehículos en dirección a A Coruña. Los atascos se hacen inevitables en una ciudad cuyas arterias viales confluyen en un cuello de botella. ?e Alvedro al Rectorado. Hacer este trayecto en hora punta es una agonía y más si, por cualquier motivo, uno necesita llegar a tiempo al aeropuerto o a una reunión en la ciudad. Para bajar desde Alvedro al Rectorado (son tan sólo 11,4 kilómetros) hay que invertir la friolera de 33 minutos. Es decir, que el coche se desplaza a la velocidad media de 22 kilómetros por hora, fácilmente superable por cualquier ciclista. El primer lugar donde la circulación se detiene es Vilaboa. Paradas de escolares, buses de línea, semáforos y pasos de peatones me interrumpen la marcha. Tardo casi 10 minutos en pasar el pueblo y, para no perder más tiempo, algunos vehículos sobrepasan a los autobuses cuando se detienen ante las marquesinas. Yo espero. Mientras, veo a los agentes de la Policía Local de Culleredo, dentro de una unidad móvil, vigilando uno de los cruces más conflictivos de esta travesía urbana. El gran problema, sin embargo, llega más adelante, antes de entrar en O Portazgo, a la altura de la panadería Gestal. Allí freno el coche y me preparo para avanzar con el pie izquierdo pisando el embrague. Metro a metro, parada tras parada, circulo a una velocidad media de 10 kilómetros por hora hasta que llego a la altura de la discoteca Oh Coruña! Han sido cinco minutos de caravana para recorrer un kilómetro. Un kilómetro eterno, mientras pienso que no llegaré a tiempo al trabajo. Tendré que meter el coche directamente en el aparcamiento subterráneo. Cuando pienso que mi viaje empieza a ser más ágil, de nuevo, sobre el scalextric de Palavea, otra retención para incorporarme a la gran arteria de entrada de la ciudad. Desde el coche veo Alcampo y A Pasaxe, una distracción mientras espero algo más de tres minutos para sumarme en la riada de coches que se dirigen hacia A Coruña. Una vez dentro de la avenida Alfonso Molina, logro meter la tercera marcha. La primera vez desde que inicié el recorrido en Alvedro. Como era de esperar, dura poco, y reduzco a segunda para dejar paso a los que se incorporan desde la autopista. A la altura de la estación de autobuses me sorprende una gran retención e, incluso, tengo que recurrir al intermitente de emergencia. Mi carril, el de la derecha, está completamente colapsado. Más adelante confirmo mis sospechas: los coches saturan el desvío elevado hacia Juan Flórez. Aunque pensaba que una vez dentro de la ciudad comenzaría lo peor, lo cierto es que el trayecto entre Linares Rivas y Puerta Real es bastante fluido. Mi carril está libre de atascos. Dejo atrás a los otros vehículos, mirándolos por el retrovisor izquierdo. Al Rectorado llego en tres minutos y, en otros tres, aparco a la primera. Eso sí, en el subterráneo de A Maestranza. Para hacerlo en la calle hay que llegar mucho antes y no pillar atascos. En sólo 29 minutos es posible hacer el trayecto, cuatro más si la opción elegida para aparcar se amplía un poco. De la urbanización, una de las que fueron in en otro tiempo, se sale ya con una pequeña espera debido al tráfico transversal que se produce entre los que vienen dirección de Sada y pretenden atajar por la carretera de la costa. La rotonda entre Santa María de Oleiros y Lamastelle permite observar con detenimiento la mitad del parque móvil de la comarca. A partir de ahí, la retención se hace patente a los pocos metros y se produce la primera parada junto a Agarimo, y la siguiente frente a la urbanización Lamastelle, lo que permite ver con tranquilidad cuánto bajan los aviones para llegar a Alvedro. En Montrove la velocidad vuelve a reducirse hasta los 20 kilómetros por hora y la pregunta obligada es por qué siempre los que viajan en sentido contrario avanzan más rápido. El semáforo junto al cine-club supone una parada obligada y a partir de ahí el coche cae por su propio peso a unos 30 kilómetros por hora, la circulación no permite más. Alcanzamos los 40 junto al antiguo colegio Videlba y cuando ya nos animábamos, el tráfico vuelve a parar en la entrada a Perillo, lo que invita a realizar una caída a peso antes del semáforo que permite girar hacia A Coruña, señalización vertical, que por cierto, no funciona. Junto al supermercado Día se vuelve a imitar a las tortugas, antes de llegar a la N-VI. Incorporación a la nacional sin problemas, gracias al conductor de un Corsita , aunque es un tramo urbano el resto de compañeros conductores obligan a ir a 60 por Perillo. Desde A Pasaxe vamos a 50, pese a que las señales permitan alcanzar los 80, y a 60 en la zona de obras. El gran número de incorporaciones en Palavea supone una miniparada, por lo que optamos por avanzar hacia el carril de los rápidos, con alguna que otra complicación. En la salida de la autopista se aprecia un gran atasco y te ríes del peaje, no sólo monetario. Ante esta situación seguimos por el carril rápido hasta que, ya en la zona de la fuente de las Pajaritas, mi coche es el más lento. Por cierto, es el único que respeta la señal de límite de velocidad a 80. La llegada a la altura del giro hacia la Falperra se complica porque la cola invade parte del carril derecho. Son los efectos colaterales de la proximidad a la calle Juan Flórez. La entrada al centro coruñés son todo coches y la circulación es lo fluida que permiten la gran hilera de semáforos. Los Cantones son un hervidero, pero se consigue pasar con paciencia y conocimiento de los carriles. La cola en el túnel avanza rápido y alcanzamos la meta de la delegación de Hacienda, cuando el reloj marca los 29 minutos. Una vuelta alrededor de la manzana del Hotel Zénit demuestra que las plazas de aparcamiento son escasas cerca de un cuatro estrellas. La opción de avanzar hacia Zalaeta tiene más éxito, y ya en la calle Juan Canalejo es posible estacionar en la zona azul. Durante media hora podré dejar el coche sin pagar un duro.