La sardina del entroido cruza de San Amaro a Uruguay detrás de Macarena la kilombera

Alejandro García Chouciño
a. g. chouciño A CORUÑA

A CORUÑA

Las llamas devoraron en el arenal de Adormideras al dios Momo, marcando el final del carnaval y el inicio de la cuaresma

18 feb 2026 . Actualizado a las 22:42 h.

Una auténtica tragedia. A Coruña despidió su entroido bajo un cielo encapotado en el que la lluvia luchó, y con intensidad, por quitarle protagonismo a una sardina que volvió al mar completamente empapada. El entierro recorrió el centro entre lutos exagerados y carcajadas cómplices, aunque esta vez con la borrasca Martín empeñada en hacerse notar y con un aviso naranja por viento y fuerte oleaje en el mar que hizo dudar a más de un asistente.

El velatorio concluyó a las 20.00 horas en el Circo de Artesáns y la comitiva salió puntual, arropada por plañideras, choqueiros y curiosos que no quisieron faltar al último adiós. En María Pita, el responso mezcló sátira y actualidad local, mientras los paraguas se abrían y cerraban al ritmo de las ráfagas. «No sé si este tiempo de Martín nos va a dejar cerrar este carnaval», se preguntaba Macarena, integrante de los Kilomberos de Monte Alto, antes de confesar que era su despedida.

Su adiós tuvo un peso especial. «Es mi último carnaval, mañana me voy a las 6.30 horas para Uruguay. Hasta cambié el billete para poder vivir esto», explicaba emocionada, y no por la sardina. Sus compañeros le habían preparado una chapa de recuerdo y ella apuró cada minuto. «Lo estoy viviendo a tope, con muchas ganas. Para mí son como una familia», añadía entre risas, bromeando con su alias: «Yo soy Macarena Chapas (por el instrumento que tocaba)».

Muy cerca, la presidenta de la comparsa, Chus Aldariz, asumía el temporal con retranca gallega. «Se vivimos na Coruña e máximo este ano, non podíamos esperar outra cousa que unha borrasca entrando xusto co enterro da sardiña», señalaba. La agrupación celebró además su 35.º aniversario y su reciente incorporación al andar do entroido, en un año «moi emotivo».

El viento no ayudó en San Amaro y la organización extremó las precauciones ante el oleaje. Con el Atlántico embravecido de fondo, la sardina acabó tras varios intentos en el mar, en dirección Uruguay, y don Carnal cedió el trono a doña Cuaresma. Ni la lluvia ni Martín lograron eclipsar la emoción de una ciudad que, incluso bajo alerta, supo despedir la fiesta con dignidad y promesa de regreso.