Barras con nombre propio

R. D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Reportaje | Cafés históricos ya desaparecidos El nombre del bar más antiguo de la ciudad tiene un origen más bien prosaico. Míguez Berea decidió llamarlo así para aprovechar el servicio del café Méndez Núñez. En sus tazas figuraba entonces la inscripción por la que ahora se conoce al mítico local

02 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?a Barra tiene los días contados como los pocillos que le dieron nombre. Ahora que la amenaza de desahucio es ya un aviso con fecha y cuño, se sabe de dónde le viene el nombre al, hasta ahora y por tiempo aún indeterminado, bar más antiguo de la ciudad. El anuncio de cierre tras más de setenta años de actividad ha quedado en suspenso a la espera de una última resolución judicial. Pero ha sido más que suficiente para despertar lamentos, muestras de adhesión, peticiones y, sobre todo, poner sobre las mesas de mármol viejo recuerdos más o menos añejos y memorias duraderas. Antes de ser La Barra fue, desde 1928, el bar de Correos . Allí confluían los de telégrafos, pero también se beneficiaban del café de media mañana de otros cercanísimos organismos oficiales: la Diputación (situada donde hoy está el Teatro Rosalía), la Cámara de Comercio (en el 1 de la calle Real), la comisaría de Policía y, por supuesto, el Gobierno Civil. Al margen estaba la actividad comercial de una calle que se llegaría a conocer popularmente como la Nacional VI por el intenso tráfico que, en tardes de cine, se convertía en una especie de atasco de vitalidad y vaivén. La Barra pasaría después a llamarse Miño y Míguez Berea, concejal del alcalde Molina, sería quien lo bautizase con el nombre con el que ha cruzado el siglo XXI. Familiares del desaparecido edil recuerdan que el progresista emprendedor quiso montar una marisquería. Tenía entonces el también popularísimo Gran Café Méndez Núñez , amplísimo salón con espectáculos y cupletistas que la forma -era muy largo y como subdividido en dos partes-, el tiempo y el uso llevó a que a la zona del mostrador se la conociese como la barra y a Míguez Berea, como Antonio, el de la barra . Incluso la loza acabó por llevar también ese nombre grabado. De forma que cuando, en los 50, Míguez Berea cogió el local de Riego de Agua, el concejal se llevó el servicio y el nombre. Hoy, en el casi mítico establecimiento todavía se conserva el reloj con forma de timón que completaba la decoración marinera de aquella marisquería que, en 1962, pasó a sus actuales arrendatarios. Repaso Correos, Miño, La Barra son tres carteles para un mismo espacio. Junto a él, la ciudad ya ha visto desaparecer a otros muchos puntos de encuentro, café-bares con historia, sabor y nombre propio. No son ni están todos los que fueron, pero entre los representativos figuraban La Troya o el Rosalía , montados después muy cerca, o el elegante Triana de olor a manzanilla, también en Riego de Agua. En la calle Real estaban el América , bajo el hotel Palace y con entrada también por la Marina, el Oriental , bajo el hotel Ferrocarrilana. Y también el Compostela , frente al Teatro Colón, o el café de artistas Luisa Fernanda , donde debutó Antonio Machín y que hoy ocupa el Kirss. Frente al Méndez Núñez, situado junto al Sporting Casino, se montó el más descarado Niza y posteriormente La Granja con su sala de bailes de gala. El Eslava nació al lado del cine Savoy, ahora farmacia López Castro. En Rúa Nueva estaban el elegante Español , con sus sofás, y La Mezquita , mientras que en el Cantón Grande se recuerdan aún el Galicia , que ocupaba el lugar donde hoy se levanta la Fundación Barrié, y el Alcázar , escuela de Gallego, padre de la saga de restauradores. Fuera de la milla de oro estaba otro de más reciente desaparición, el Cantón Bar de la plaza de Mina (sede hoy de Loewe), y también el billar del Asturias , con entrada por la calle Compostela y Sánchez Bregua, y el Peral de San Andrés, parada fija para quienes llegaban de Carballo. En el Café de la Cuesta , en Varela Silvari esquina San Agustín, estaba la academia del dominó y del subastado, sede para los mandos del ejército mientras la tropa frecuentaba las tabernas del Campo de la Leña. Diferente era el señorial La Unión, en la plaza de Pontevedra, centro donde se cerraron no pocos negocios con wolfrang . Su dueño, el arteixano José Castro, fundó después otra de las cafeterías emblemáticas todavía en funcionamiento, el Copacabana de los jardines de Méndez Núñez. En la zona de la Galera se hicieron un hueco el España , famoso por el póker, y también el 7 puertas , de reciente desaparición y que, cuentan, en sus mejores horas se cerraba bajando la guitarra. El Nobleza , el Astoria , el Ívori , el Lemus (Orzán, Olmos, Rúa Nueva y Galera)... fueron puntos de referencia de entre los denominados cafés de ambiente de la amplia oferta del centro. Más lejos, en Cuatro Caminos, se recuerda el Iris , punto de encuentro para las gentes del muelle, y el Capito l. Sólo sobrevive otro de los casi legendarios, el Delicias . Allí, como en La Barra, todavía hoy se juega al parchís.