«Occidente es una palabra de hace cuarenta años»

Elena Silveira
E. Silveira A CORUÑA

A CORUÑA

Entrevista | Fernando Franco

21 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?e califica como una «persona ordinaria», pero su trabajo durante 37 años en la India no tiene nada de eso, ya que su trayectoria vital y laboral siempre ha estado ligada a los valores solidarios. Hace dos años trasladó su «oficina» a Roma, donde ocupa la secretaría de justicia social de la Compañía de Jesús. Ayer expuso su forma de ver el mundo en el ciclo de conferencias organizado por la Fundación Pedro Barrié de la Maza en las que se somete a debate, precisamente, la Ética y cultura de la solidaridad , unas jornadas que continuarán el 4 y el 23 de noviembre. -¿Está el mundo más enfermo de resentimiento que nunca? -La situación es crítica en ciertas áreas. En América Latina ha mejorado, sobre todo en Colombia, también en Angola y Mozambique, pero ha empeorado en Líbano, Costa de Marfil, Irak y Afganistán. Estamos en un momento muy difícil, pero creo que todavía hay división de opiniones y, por lo tanto, esperanza. -¿A qué se debe ese incremento de la conflictividad en Medio Oriente? ¿Quizás es la presencia del mundo occidental? -Occidente es una palabra de hace cuarenta años. Ahora ya nadie sabe de dónde viene el capital de una empresa y hay que hablar de intereses globalizados. De todas formas yo nunca creí lo de que estamos en una lucha de civilizaciones. No existen civilizaciones, sino gente, y lo que se necesita es levantar puentes entre ellos. -¿Cree en el movimiento antiglobalización? -Hay plataformas con una labor muy importante en el seguimiento de ciertas compañías. No gusta, pero es totalmente necesario y son ejemplo de cómo se está moviendo el mundo y de que puede modificarse. Las cosas no cambian de golpe, pero poco a poco pasan del negro al gris. -¿Cuáles son las fuentes que mueven los conflictos? -Le puedo decir las de África, por ejemplo: petróleo, gas, metales preciosos, diamantes y madera. Los países no recibirían armamento si detrás no existieran intereses mucho más fuertes. La realidad es que si el comercio de armas se paralizara en África, los conflictos y su duración se reducirían en un 65%. -¿Le sorprendió la perspectiva que tenemos del mundo cuando regresó a Europa? -Para nosotros, lo que es diferente, sólo por ser diferente, comienza a ser una razón para preocuparnos. Hay culturas diferentes que no entendemos y las creemos inferiores. Sin embargo, si hay algún bárbaro, yo creo que están más aquí que allá.