De oficio a atracción turística

Dolores Vázquez A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS. XOSÉ CASTRO

Crónica | La última molinera de Peiraio Pocos molinos tradicionales sobreviven. El de Peiraio, por lo singular de su edificio, es conocido en la comarca y todavía funciona para panaderos y particulares

05 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuela Ares Villar, a sus 78 años, mantiene abierto el molino de Peiraio y recibe en mandil y zapatillas a clientes y visitantes. Aguanta para que no cierre un negocio que duda que mantengan alguno de sus tres hijos. «Todos pechan, aguántanse os da xente maior, que somos uns esclavos», apunta con sorna y dice que «se deran, non pechaban». Esta molinera por matrimonio con Manuel Fafián (1923-1998), al que le venía el oficio de familia, la llevó a desembarcar en Peiraio, en Cambre. Es incapaz de precisar la edad del edificio, que alberga molino y vivienda y que en otro tiempo fue de Luis Mayor Moreno, catedrático y cónsul de Bélgica, aunque cree que puede superar los 200 años. «No seu tempo, fai uns 45 ou 47 anos, costou 250.000 pesetas, a casa estaba tirada pero o meu home era moi listo e sabía de carpinteiro e de albañil», destaca. El inmueble cuenta con dos molinos de agua y una aceña. Ahora trabaja mayoritariamente para panaderos, aunque sólo con trigo y harina, y para algunos particulares que tienen aves de corral. «Compensa porque así a xente sabe o que lle dan aos animais», asegura Manuela y puntualiza que «o que quere ter cousa natural ten que ir ao muíño». Cuestiona la carga fiscal que tienen que soportar y el uso de las subvenciones: «A Xunta cando morre ponlle un tellado, pero aos muíños vivos non lles axuda». Las inundaciones sufridas por Cambre hace cuatro años la obligaron a parar casi dos meses. Reconoce que el trabajo no es estable y que en los últimos años el inmueble, pintado en su exterior de un rosa llamativo, crea expectación. «Traen a rapaces, e hai moita xente que non sabe o que é», explica.