La niebla

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

07 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS PELÍCULAS elevaron a categoría de leyenda el fog -la niebla londinense-, una bruma que los turistas rebuscan por las esquinas y bajo los puentes del Támesis, pero que apenas se deja ver fuera de las películas de Jack el Destripador. Ante la ausencia obstinada de la niebla en los callejones del sur de Inglaterra, A Coruña podría montar su propia industria de exportación de brumas y neblinas, dada la infinita capacidad de producción de nuestras costas, según consta en los informes de AENA y de Iberia, que cada día impar, aproximadamente, detectan nubes bajas sobre la corta pista de Alvedro (la segunda más corta de España o así). Ahora que todo se enlata -hasta el aire perfumado de oxígeno de los Alpes- sería más que viable manufacturar un poco de niebla coruñesa (densa como pocas, según las líneas aéreas), y remitirla a franquear en destino en el 10 de Downing Street. Si la hazaña no sale bien, siempre podríamos instalar un sistema antiniebla en el aeropuerto, no por nada, sino sólo por comprobar si así se difuminan esas brumas que lucen en Alvedro hasta cuando brilla el sol. Y ya que todavía no llega a la ciudad el ultramoderno ILS 2-3, podemos aumentar la potencia de la torre de Hércules, tecnología antiniebla patentada en Roma. luis.pousa@lavoz.es