En O Parrote se pueden alquilar bicicletas para recorrer el paseo marítimo La Marina y la Ciudad Vieja son las dos zonas con más encanto de A Coruña
28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Las zonas ajardinadas, el paseo marítimo, las playas, los museos y las ferias veraniegas, como la del cómic o la del libro antiguo, hacen de A Coruña una ciudad rica culturalmente y con diferentes posibilidades para pasar el día. Si la mañana está soleada, la mejor opción es la de tomar el sol y bañarse en los arenales de la ensenada coruñesa, Riazor y Orzán. Para comer con buenas vistas, lo mejor es escoger las terrazas del Orzán, o las de María Pita, estas últimas cubiertas, por si el tiempo falla. Por la tarde es cuando hay más actividad en las calles de la ciudad, sobre todo, en el paseo marítimo, que recorre toda la costa de la ciudad. Desde O Parrote hasta O Portiño. Alrededor de once kilómetros, que hacen de este paseo, uno de los más largos de Europa. Tres horas hacen falta para caminar los diferentes tramos de este paseo. Si no apetece caminar, se puede alquilar una bicicleta en un puesto que hay en O Parrote. Uno de los trayectos más pintorescos es el que va desde pasado el muelle de las Ánimas hasta el comienzo del Orzán. Sus baldosas rojas y la forma de las farolas, también rojas, ponen un toque de colorido a la costa coruñesa. Monumentos a pie de mar Los edificios más visitados de la ciudad se sitúan todos a lo largo del paseo marítimo. La torre de Hércules, único faro romano en funcionamiento del mundo, y que se erige como el símbolo más internacional de la ciudad. Subir a su planta más alta sale muy barato, dos euros para los adultos, y uno para los niños y los jubilados. Desde arriba, las vistas son majestuosas. Y, para no perder el Norte, en los campos que rodean la torre está la rosa de los vientos. El Aquarium Finisterrae y la Domus, un edificio que llama la atención por su moderna estructura, también se encuentran al lado de la costa. Igual pasa con el castillo de San Antón, una antigua cárcel reconvertida en museo arqueológico. Llama la atención porque en su momento fue una isla, aunque ahora está unida a la ciudad. Zonas ajardinadas Si hay algo que caracteriza a la ciudad es la gran cantidad de jardines que tiene. Por su dimensión, y por contar con la Casa de las Ciencias y el Planetario, destaca el de Santa Margarita. Aunque la zona verde que más visitantes recibe son los jardines de Méndez Núñez, situados en el corazón de la urbe. En parte se debe a que alberga gran cantidad de ferias, como la del libro antiguo. En ellos se esconden decenas de diferentes especies de árboles, que custodian sus caminos y bancos. Caminos que conducen a una explanada donde se encuentra el Kiosko Alfonso, que durante estos días esta cubiertos por las lonas que anuncian la exposición del cómic, y adornado por figuras que representan a los grandes héroes de la viñeta. Si la fatiga se apodera del cuerpo, se puede descansar tomando los exquisitos calamares del Copacabana. Mientras, los niños pueden disfrutar de las pequeñas atracciones de Méndez Núñez, como los caballitos a pedales, todo un clásico veraniego. Alejado del centro se encuentra el monte de San Pedro. Desde sus catalejos se obtienen vistas espectaculares de la ciudad, sobre todo, del obelisco de cristal Millennium. Destaca por los cañones, que se posan por sus enormes explanadas de césped, y por las flores que adornan sus jardines Desde la plaza María Pita, presidida por el palacio municipal, se puede acceder a la Ciudad Vieja. Los adoquines, las callejuelas estrechas y los edificios de pocas plantas, esconden los rincones con más encanto de la ciudad. Entre ellos la plaza de las Bárbaras, la iglesia románica de la Colegiata y el jardín de San Carlos, donde está la tumba del general del ejército inglés Sir John Moore. También, la plaza de Azcárraga, situada al lado del edificio de capitanía general. Desde ella se puede bajar hacia Puerta Real para desembocar en la Marina, típica por las galerías de los edificios, y por ser una de las estampas más fotografiadas de la ciudad. Comercios y gran ambiente Pasear por la calle Real es otra de las cosas que no se pueden dejar de hacer al caer la tarde. Los abundantes comercios de esta céntrica travesía la dotan de un gran ambiente, con multitud de gente paseando, más aún en la temporada veraniega. Por último, y para descansar los pies de tanto caminar, un vermú en las terrazas de la Marina, contemplando cómo el sol se pone detrás de los veleros atracados en el puerto deportivo, o en la cafetería La Dársena, con una vista de la ciudad difícil de mejorar.