Méndez Núñez

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

31 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LOS jardines de Méndez Núñez, que era un señor con honra y sin barcos o al revés, ya no me acuerdo, hay un monumento al libro donde un día se hizo una foto un tal Camilo José Cela, un premio Nobel que la televisión caricaturizó como un tipo que hablaba de pedos y que resulta que llevaba en la manga las palabras de San Camilo 1936 . En Méndez Núñez, además de árboles y del único monumento al libro del planeta Tierra, hay una vegetación de escritores, de cuerpo entero o de simples bustos cabezones. Hay una escultura de tamaño natural (o casi) de Pardo Bazán, un gigantesco Curros Enríquez disfrazado de bardo, una nariz casi abstracta que debe ser Wenceslao Fernández Flórez y un Valle-Inclán con una bufanda de quita y pon. Entre el bosque de cráneos literarios de Méndez Núñez cada uno de agosto brota un campamento de casetas al que llaman Feria del Libro, a la sombra de la rosaleda, donde los fantasmones de Cela y del insólito monumento al libro plantan cada verano las páginas y la tinta que leeremos el resto del año. Por eso hoy me largaré a Méndez Núñez y, bajo el cabezón con quevedos y barba de chivo de Valle, o bajo la napia de media luna de Wenceslao, abriré un libro, un gesto que, a estas alturas, debe ser el gesto más rebelde que nos queda. luis.pousa@lavoz.es