La beatificación de cinco salesianos

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

PLINIO LEPRIL

Historias de A Coruña | Las secuelas de la Guerra Civil El Papa Juan Pablo II honró la memoria de varios religiosos coruñeses que habían sido fusilados en Madrid y Guadalajara en 1936, tras el estallido bélico en España

31 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El actual Papa Juan Pablo II podría ser denominado el beatificador , pues ningún sumo pontífice ha beatificado a tantas personas (pasan de 2.000) como él, a los que hay que sumar los que están en proceso de ello, como el sacerdote Baltasar Pardal, fundador de la Grande Obra de Atocha. Varios cientos de aquéllos lo fueron a consecuencia de la Guerra Civil española del 36, en la que murieron asesinados por las milicias republicanas. Entre los padres salesianos hay que citar a cinco coruñeses: Ramón Eirín Mayo, Carmelo Pérez Rodríguez, Luis Martínez Alvarellos y los hermanos Francisco y Virgilio Edreira Mosquera. Eran ex alumnos salesianos del centro coruñés y se encontraban al comienzo de la contienda bélica en los seminarios y centros dependientes de aquella orden. Ramón Eirín Mayo tenía 24 años, era coadjutor, había aprendido ebanistería en Italia y enseñaba su oficio en un colegio de la madrileña ronda de Atocha. Fue asesinado el 15 de diciembre de 1936. Carmelo Pérez Rodríguez, natural de Vimianzo, pertenecía desde hacía diez años a los Salesianos y fue muerto el 2 de octubre de 1936 en la checa de Fomento. Esta checa había sido creada por la propia Dirección General de Seguridad y estaba en la calle Alcalá. Dependía del comité de Investigación y Vigilancia y en ella se celebraban «juicios populares rápidos». Esto es, el acusado no podía defenderse, sólo aceptar el veredicto, que en un 90% de los casos era de muerte. Destacó entre sus componentes, por su sadismo, Antonio Ariño El catalán, anteriormente delincuente común. Filosofía Luis Martínez Alvarellos, de 21 años, se encontraba estudiando segundo año de Filosofía y fue asesinado en Guadalajara el 6 de diciembre del 36. A Luis se le fusiló junto a quince sacerdotes seculares, de los que siete eran salesianos, cuatro paúles, tres franciscanos y uno jesuita. Cuando fueron detenidos, un miliciano les gritó: «¡Libertad para los que sean de Guadalajara!». Aquel grito no era más que una añagaza para conseguir que, con el señuelo de la libertad, salieran muchos sin oponer resistencia. Francisco Edreira Mosquera tenía 22 años, mientras su hermano Virgilio, que estaba en la Inspectoría de Carabanchel Alto, contaba 27. Ambos perecieron en Madrid el 20 de septiembre de 1936, a manos de individuos de la checa de Marqués de Riscal. Esta checa, que estaba situada en el número 1 de dicha calle, dependía de la Inspección General de Milicias Populares, mandada por el comandante Barceló. Los asesinatos se efectuaban en los altos del Hipódromo y en la pradera de San Isidro. Las joyas que se requisaban a las víctimas se entregaban a un fundidor que, tras compactarlas, las enviaba directamente al director general de Seguridad, Miguel Muñoz. En esta labor de rapiña se destacó el gallego Agapito García Atadell, militante socialista, cuyas fechorías fueron tantas que acabó siendo perseguido a muerte, tanto por la República como por los franquistas. Acabó fusilado por éstos en Sevilla, en 1938, tras ser detenido en Canarias.