EL OBELISCO | O |
17 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ES YA como esa gripe del primer otoño, algo que ya asumimos como natural. El coruñés tiene grabada en el cerebro la tortura que supone conducir desde el casco urbano hacia Mera a las dos y media de la tarde de un día de sol o, al revés, tratar de regresar a la ciudad desde Sada a las ocho de la tarde. Si además se intenta viajar en transporte público, entonces ya es una heroicidad.