La rehabilitación de viviendas históricas causa el resurgimiento urbanístico y comercial de la Pescadería, donde el precio de mercado del metro cuadrado útil alcanza los 5.100 euros La asociación de vecinos elogia la política de reforma de inmuebles
26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Para los vecinos de Panaderas, es, y lo será siempre, El Palomar. Decenas de pájaros vivían en plan okupa en esa abandonada casa del final de la calle. Y tantos años llevaban allí aposentados que ni el retumbar de las máquinas ni la inquietante presencia de unos hombres con casco, o sea, las obras de rehabilitación del edificio, los espantaron en principio. Los curritos convivieron durante más de un año con la molesta colonia de aves, a las que lideraba un cuervo que los operarios bautizaron como Jacinto, un elemento incordiante que osó construirse un nido en lo alto de una grúa. Tan en casa se sentía. Jacinto ya no vive allí. Aquella reforma, que se inició en 1999, ya ha concluido. En el bajo de ese inmueble abrirá en breve una tienda de Custo Line, la firma catalana que cada año pega el último grito en camisetas. Panaderas, la Pescadería en general, se viste, al fin, a la moda. Ingresa en el siglo XXI. El Palomar simboliza la recuperación de un enclave histórico que permanecía anclado en el pasado imperfecto. De Jacinto, el cuervo, a Jacinto, el hombre. Quizá para redondear esta historia se llame así alguno de los particulares que ha decidido comprar en este edificio cuya fachada luce un rojo chillón porque así lo ordenó el Ayuntamiento, que exigió que se conservase el color original. «La venta fue genial. Sólo nos quedan tres pisos», asegura Jaime Hermida, de la promotora Administraciones de Fincas Coruña. El metro cuadrado se cotizó «entre 3.000 y 3.330 euros». ¿Caro? «Somos los que manejamos precios más bajos en la zona», asegura Hermida, y alude a un informe en el que se cifra el coste medio del metro cuadrado en Pescadería entre los 3.600 y 4.200 euros. De lujo El Palomar está muy bien secundado. A un lado, el Museo de Belas Artes. Al otro, en la confluencia de Panaderas con San Nicolás, una casa con galerías que también acaba de ser reformada con buen criterio. Más arriba, en sentido plaza de España, se suceden los inmuebles con galerías rehabilitados con sentidiño. Y queda tiempo para echar una ojeada al agujero que ha sustituido al legendario barrio del Papagayo, donde se construye un gigantesco aparcamiento subterráneo sobre el que se levantarán viviendas de lujo. La promotora de esta obra propuso en su día al Ayuntamiento cambiar lo de Papagayo por otro topónimo, por aquello de que la fama crápula no ayuda a vender pisos caros. Algún vecino ha sugerido la mutación a Urbanización Maravillas, porque en la iglesia de las Capuchinas se venera a Nuestra Señora de las Maravillas. Tiempo habrá para debatir el asunto, pues el final de los trabajos está previsto para el 2007. A la espalda de El Palomar se extienden las calles San Andrés y Orzán, que, en sintonía con el resto de la Pescadería, empiezan a renovar sus fachadas tras un largo período ominoso, de decadencia urbanística, una era de cascotes caídos. Para jóvenes Caro, carísimo, se intuye que será vivir en el futuro inmueble que se construye en la esquina de San Andrés con la rúa fetiche de Amancio Ortega, que es Torreiro. Sigamos andando. Varias lonas verdes y algún solar vacío después, un cartel anuncia «se venden pisos». Es el número 52 de la que en tiempos fue calle comercial por excelencia de A Coruña, y corresponde a un edificio de galerías que está siendo rehabilitado. Más adelante, y en la acera de enfrente, Verona Norte anuncia en un inmenso cartel una obra en el número 95, esquina con Mantelería. En su página web, esta empresa se presenta como especializada en «proyectos inmobiliarios para jóvenes». ¿Irá en serio? Lo que es seguro es que en ese solar se habilitarán treinta viviendas de dos o tres dormitorios. Tom y Jerry Cambio de acera. Número 92. En esta finca, los trabajos empezaron en febrero de este año, así que van para largo. «Se venden pisos y apartamentos», se puede leer en la estructura que protege la obra. Cuatro plantas tiene el edificio. Cruzamos la calle de nuevo, y caminamos hacia las puertas de los cines Tom y Jerry. No están. The end. Ya son historia aquellas butacas en las que miles de coruñeses vieron Como agua para chocolate, la película que más tiempo permaneció en cartel en estas minisalas. El edificio está en avanzado proceso de rehabilitación. Conservará, por supuesto, su fachada original, con amplias galerías. El precio al que se ha cotizado el metro cuadrado no ha sido precisamente apto para juveniles: 5.100 euros por metro cuadrado. De los 18 apartamentos, sólo quedan cuatro por vender. «Son precios que están bastante por debajo de los que se piden en el Parrote y muy por debajo de lo que se está cobrando en Juana de Vega», explican fuentes de la promotora, Zoyta. Más lonas verdes y más edificios apuntalados después, aparece la plaza de la Cormelana, escenario de la obra de nunca jamás. Hay un viejo proyecto, varias veces aplazado, para construir en parte de este solar un edificio con bajos porticados. Revalorización Por esta plaza entramos a la calle Orzán. Mucha lona verde y mucho edificio apuntalado, sí. Pero también cinco inmuebles en proceso de restauración, los numerados como 192, 100, 96, 15 y 33. Llama la atención la reforma del tercero, pues es un hermoso y amplio edificio que también tiene fachada a Cordelería. «Venta de pisos y apartamentos», se anuncia en su fachada. El que esté interesado, que llame cuanto antes, porque la calle Orzán se ha revalorizado enormemente en los últimos años. Jaime Hermida, de Administraciones de Fincas Coruña, recuerda que en 1999 su promotora vendió un piso en esta vía por 7.250.000 pesetas y que el pasado año despachó otro con los mismos metros y situado en ese inmueble, sólo que una planta más arriba, por 14,5 millones de pesetas. Los residentes están encantados con la transformación urbanística de la Pescadería. Áurea López, presidenta de la asociación de vecinos Ensenada del Orzán, asegura que «se están dando los primeros pasos importantes para la rehabilitación total de la zona, aunque siga habiendo edificios abandonados y semiabandonados». Además del adecentamiento urbanístico, o más bien en paralelo a este fenómeno, se está produciendo «cierto repunte comercial» de la calle Orzán y su entorno, que aspiran a convertirse en «una especie de centro de profesiones artesanales». «Se está empezando, pero el resurgir de la zona ya es imparable», concluye, en alarde de optimismo, Áurea López.