«Me río de la meteorología»

Laureano López
Laureano López A CORUÑA

A CORUÑA

KOPA

En directo | En el epicentro de la fiesta Chispea en el Orzán, a ratos diluvia, pero el auténtico chaparrón es de humanidad. La mayor preocupación de los «sanjuanistas» es avivar las hogueras y que no se agote el agua. El agua de fuego

24 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los fundamentalistas del San Juan, los auténticos sanjuanistas, se citan en la tercera. La tercera es la tercera escalera de bajada al Orzán contando desde la coraza. Es algo así como el tendido siete de las Ventas en plan menos purista: «La gente se junta aquí porque están cerca los bares, por si te entran ganas de mear». Habla Sandra, 25 veranos, casi una pureta en este mar de cuasi adolescentes. Sandra flipa con los tacones de aguja. Más exactamente, flipa con que algunas tías salten hogueras con tacones de aguja. Los tacones de aguja son uno de los asuntos de conversación de esta noche desapacible. Claro que el alcohol amplía increíblemente el abanico de temas a debate: -Vamos a la orilla, a ver cómo se desnudan esos. Venga, vamos. -Tú lo flipas, tía. Flipar, alucinar, es una de las palabras estrella de la noche. La otra es molar. Molar es gustar. Molar un mazo es molar al cubo. O sea, molar un mogollón, molar la leche. A Raúl, un chaval de Vigo que anda dando vueltas con un trozo de madera -«es para meter en la última hoguera, en la última de todas, tío»- le mola un mogollón una amiga de su novia. Raúl lleva «una cogorza mítica, tío». Vamos, que está borrachísimo, y por eso se le suelta la lengua con el primero que pasa. -Si te gusta, díselo; pero antes deja a tu novia. -Es que no puedo, tía, que llevo cuatro años con ella. No, no la voy a dejar. -Pues tú mismo. Raúl se pierde entre el gentío. El gentío es un mogollón de gente saltando a números impares las hogueras, lanzando al fuego deseos envueltos en papel, un gentío que se tira (4.00 horas) a las aguas del Orzán, un gentío en plena digestión de sus castañas, cebollazos, merluzas, o sea melopeas. Es la noche de las meigas. También en la plaza de Pontevedra, donde empieza a clarear y una marea humana de sandras, rafas, vanessas, marios y diegos se bate en retirada. «¿Dónde están los taxis?, matarile, rile, rile, rile». Caen a plomo los minutos, de diez en diez, y no aparece ni el primero. A ver si también va a ser cosa de las meigas.