Día grande en Aspronaga

Ana Rodríguez A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: EDUARDO

Reportaje | El centro de formación ocupacional de Oleiros cumple 25 años Fiesta en Lamastelle. Aniversario de los talleres de Aspronaga. Diversión y recuerdos. «Afortunadamente, las cosas han cambiado para bien», dice el gerente de la entidad

18 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?anuel Paz, 39 años, recibe a los vehículos. Está con él otro residente que hace las veces de guardia jurado amable y, puro en boca, -«hoy es fiesta», explica- indica que no se puede pasar, que el aparcamiento está lleno. Con él atiende a los invitados otro residente. «Lisa nos dijo que hoy no se trabaja», se justifica Manuel, usuario del centro de formación ocupacional de Aspronaga desde el año 1986. «Instalo hilo musical. Bueno, hago los altavoces que van al techo. Muchos hacen jabón de afeitar y otros escayola. Otro día, si quieres, te enseñamos cómo metemos los tornillos», continúa Manuel. Es que ayer no había tiempo para demostraciones laborales en Lamastelle. Ayer era día de fiesta. El centro de formación ocupacional, en el que trabajan a diario 190 personas, cumplió 25 años. «Echo la vista atrás y sí, las cosas han cambiado bastante. Afortunadamente, para mejor. Al principio vivíamos de la caridad y de la pena, de la huchita cuando se salía a la calle el día del subnormal. Hoy eso se ha transformado en justicia y derechos reconocidos para las personas con discapacidad mental», repasa Pompeyo Fernández Pérez, el gerente del grupo Aspronaga y primer director del centro de formación ocupacional de Lamastelle. Día de trabajo En las instalaciones de Aspronaga se ha conseguido que un día transcurra como el de un centro de trabajo normal. Un autobús recoge a los usuarios en cuatro paradas de A Coruña y los lleva al centro. En Lamastelle cada uno sabe lo que tiene que hacer. Que si el taller de electricidad para construir los altavoces, el de artesanía para la escayola o el de manipulación de los jabones de La Toja. A Juan Placer, otro de los usuarios, lo que más le gusta es, precisamente, hacer el jabón de afeitar. «Es muy fácil, se mete en los capuchones que nos manda La Toja», explica. Ya, pero, ¿cómo se hace? Duda antes de la respuesta. «¿A que no sabes qué pasa el jueves? Pues que es mi santo», contesta. Rechaza dar más explicaciones sobre su trabajo y pasa, animado, a hablar de sus aficiones: «Veo partidos en la tele. Soy del Madrid. Antes era del Dépor». Interrumpe su charla una voz. Es Lisa Matos Conchado, la directora del centro de formación ocupacional. Pide colaboración para hacerle sitio a otra actuación. «Eso, ahora nada de vergüenzas. Vamos a demostrar lo que ensayamos», grita otra trabajadora de Lamastelle para convocar a los usuarios a la fiesta. De fondo, música. «Es un karaoke -explica María Ángeles Cabado-. ¿No me oísteis cantar antes Susanita ? Era yo». Lo que se escucha mientras ella recuerda su actuación es una rumba, animada por un pinchadiscos metido de lleno en su papel. «¡No veo las palmas!», exclama. No hace falta más. Suenan aplausos y el intérprete de la rumba baja del escenario. Otra interrupción. «Todos al otro toldo», vuelve a hablar la directora. Suso Veiga explica: «Es que van a darnos unos premios. Vamos». Este usuario -«mi cumpleaños es el 20 de julio», dice para presentarse- tiene algo que contar. «Yo antes era jardinero, pero ahora soy el albañil de aquí. Me gusta más. Mira, yo monté el palco para la música y también ayudé a poner los toldos para la fiesta», cuenta. Bajo uno de los toldos, es, precisamente, a donde se dirige la fiesta antes de que comience la comida. El que habla es el primer director del centro: «Tenemos unos diplomas para los que estáis aquí desde el principio. Hay gente que no se lo llevará, pero habrá más fiestas, de verdad». Y empieza la lista: Carlos Allones, Mari Carmen Álvarez, Benjamín Barbadillo, Fernando Baró, Francisco Castro, Toti Dans, Amparo Díaz, Javier Feijoo, Cecilio Fernández Castro... Y así hasta casi 90, los que trabajan en el centro de Aspronaga desde que se fundó, en el año 1979. Sólo queda la comida. «Creo que hay pulpo y cordero. Es que antes vi las brasas», explica Manuel Paz. Ya dejó la vigilancia del aparcamiento y espera ansioso a que llegue la orden de sentarse a la mesa. «Aunque no tengo mucha hambre», concluye.