HERCULÍNEAS | O |
16 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.FINAL DE la calle Juan Flórez a las nueve de la mañana; un taxi se detiene, colapsando uno de los dos carriles, para dejar un pasajero; detrás, decenas de coches protestan a bocinazos; el sobado argumento de «es un minuto» acaba en atasco. Calle Nóvoa Santos, nueve y cuarto de la mañana; un conductor deja en doble fila su coche para.... ¿Qué más da? Ya se sabe que es un momento, que vuelve enseguida, que pueden pasar los cohes y tal y tal y tal. Pero resulta que el bus escolar no pasa; el conductor avisa inicialmente con cortos bocinazos, pero la espera desespera y acaba con un largo gruñido , como un viejo trasatlántico a punto de zarpar. Media docena de automovilistas le hacen coro. Calle Pardo Bazán; otro conductor con prisa deja su coche en doble fila y al terminar tiene que salir con rapidez e intenta colarse entre la fila de vehículos que han estado aguardando pacientemente para poder pasar. La lista de estos casos que puede hacer cualquiera de los más de cien mil conductores que circulan cada día por la ciudad es interminable. Ante cada una de estas acciones siempre viene a la cabeza lo solidarios que somos con las gentes de Etiopía, Irak o las víctimas del 11-M y lo poco que pensamos en los que están cerca. ¿Será que los de lejos no te dejan sin aparcamiento?