Crónica | Focos de incendio en el área Desde el pasado sábado hasta ayer, el fuego ha sido el protagonista de los cerca de veinte incendios que han arrasado los montes de la comarca coruñesa
16 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ás que calentita, la comarca coruñesa está quemada. Desde Curtis a Arteixo, pasando por Oleiros, Cambre Culleredo, o Betanzos, todos han sufrido durante los últimos cinco días las consecuencias de uno o varios incendios. El más importante fue el que se originó en la madrugada del pasado domingo en Monticaño que, después de estar controlado en varias ocasiones, decidió volver a activarse y mantener la alerta durante más de cincuenta horas. En el transcurso de ese tiempo no estaría sólo, ya que en el resto de municipios del área también se quemaban simultáneamente decenas de hectáreas de monte e, incluso, en Curtis llegó a arder totalmente una vivienda deshabitada. En total, desde el sábado y hasta ayer se contabilizaron cerca de veinte incendios, algunos con varios focos, aunque ninguno llegó a poner en peligro la vida de los vecinos. Sin embargo, en los montes ha quedado una huella muy difícil de borrar y, por el momento, es imposible calcular todo el terreno afectado, aunque sólo en Arteixo se superan las más de cien hectáreas, algo así como cien campos de fútbol chamuscados. La falta de medios para luchar contra las llamas ha sido una de las denuncias más repetidas durante los últimos días, puesto que, en varias ocasiones, las cuadrillas de la Xunta -con sus helicópteros e hidroaviones- no aparecieron hasta dos horas después de iniciarse el fuego. En Teixeiro, el retraso fue mayor si cabe, porque los únicos que acudieron a sofocar las llamas fueron los bomberos de Arzúa. Cuando llegaron, la vivienda afectada casi ni se tenía en pie. Respiro Los efectivos de Protección Civil de los distintos ayuntamientos no han dado abasto en las últimas jornadas. Ellos han sido los encargados de personarse en el lugar de las llamas tan pronto como hacían acto de presencia. Algunos ya ni se acuerdan de la última vez que pudieron tomarse un respiro e, incluso, bromean esperando que, «polo menos, nos paguen unha prima».