Un callejón sin salida

Ana Lorenzo / Ana Rodríguez / R.D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

Crónica | Atasco en el puente de A Pasaxe La caravana puso a prueba la paciencia de los conductores y reveló la insuficiencia de la red viaria del área metropolitana

11 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Todos los conductores llegaron tarde ayer. Las retenciones se extendieron en el tiempo y en el espacio. Fueron nueve horas de circulación lenta, lentísima, en todas las vías de acceso a la ciudad. . A la hora del mediodía numerosos automovilistas que intentaban escapar del embudo de A Pasaxe se quedaron sin comer. Fueron muchos los que intentaron sortear el atasco por la avenida de Monelos y Pedralonga, pero la caravana se convirtió en una larga espera desde la zona de acceso al asilo y la gasolinera hasta la avenida de Lavedra. La escena se repetía en la avenida de A Pasaxe, donde las colas en los tres carriles llegaron a colapsar los accesos al Hospital Juan Canalejo. El transporte metropolitano también fue uno de los grandes afectados. Jorge Fernando estaba en uno de los troles atascados en Bastiagueiro. El recorrido hasta Santa Cristina duró de 16.00 a 16.40 horas, cuando andando apenas se tarda quince minutos. «Algunos le dijeron al conductor que abriera las puertas y se bajaron, y de dos taxis que iban delante también se apeó gente», comentó. Pero lo peor, añadió, llegó con la sirena de una ambulancia. «La carretera sólo tiene dos carriles, uno en cada sentido, y la tuvieron que dejar pasar por el contrario, con coches circulando en dirección contraria», explicó. De ida y vuelta . Doblemente damnificado por el atasco resultó Luis Alonso. A la una del mediodía, se tropezó con la caravana cuando viajaba desde Ferrol por la N-VI y «sin posibilidad de poder meterme por la autopista, porque ningún indicador advertía de las retenciones hasta pasar el cruce de O Burgo», indicó. Una hora después, los luminosos sí funcionaban, aunque alertando a los conductores de que había un accidente, no una monumental cola. Alonso se quedó parado, literalmente, en O Seixal y tardó 45 minutos en superar el accidente. Por la tarde, a las seis, cuando regresaba a Ferrol, «aluciné -subrayó- porque la cola de entrada llegaba hasta el Espíritu Santo, pero es que a la salida también había retenciones por las obras de O Graxal».