Cronómetro | Exposición de caligrafía y acuarela Martín Rosales inaugura en la sala Portas Ártabras (Sinagoga, 22) una muestra de sus trabajos realizados sobre papiro
01 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?Yo era muy pequeño cuando estalló la Guerra Civil. Mi familia lo pasó muy mal en el destierro, pero aún así mi padre se esforzó en enseñarme caligrafía y acuarela». Martín Rosales recuerda todavía un pergamino que le quitó el sueño cuando tenía sólo 12 años: un encargo para el papa Pablo VI: «Lo más difícil era la letra capitular, la del inicio del texto, que estaba decorada con un dibujo en el que aparecía él hablando. Mi padre me dejó ayudarle pero esa pieza me tuvo en vilo varios días». Poco a poco, sus asuntos profesionales le fueron apartando de la afición que compartía con su padre en Burgos, su ciudad de origen, y Martín Rosales acabó echando raíces en A Coruña, donde trabajó como topógrafo en la Diputación. Después se pasó a Dragados y, tras 47 años en esta empresa, decidió jubilarse. «Entonces pude retomar esta afición». Dice que uno nunca olvida lo que lleva dentro, y mucho menos cuando lo aprende de niño, así que lo único que hizo fue ponerle interés y paciencia a la caligrafía y a la acuarela. Bronce molido Martín Rosales trabaja en su casa de Mera. Allí tiene un pequeño estudio de poco más de 7 metros cuadrados en el que acumula el material y la documentación que necesita para elaborar sus dibujos. Excepto las letras, para las que utiliza una pluma especial, todo el pergamino lo decora con un pincel finísimo impregnado de acuarela. Al igual que lo hacían los antiguos copistas en los monasterios, Martín Rosales utiliza el color oro en sus dibujos. Sin embargo no tiene pigmentos del preciado metal: «En la antigüedad tampoco lo usaban mucho porque pronto buscaron un sustituto para el oro: con el bronce molido conseguían el mismo brillo», explica. Suele utilizar para sus trabajos papel pergámico, pero cuando consigue piel de oveja sabe que el resultado será mejor: «Hay que prepararla, pasándole piedra pómez molida, lavándola y secándola. Pero los dibujos quedan más bonitos». También tiene el inconveniente de que, al ser la lámina de piel, la tinta no se agarra como en el pergamino de producción industrial. Sobre los temas que escoge para sus trabajos, Martín Rosales explica que obedecen a momentos caprichosos: escritos y proverbios de los chamanes incas, citas de Cervantes y Castelao, cédulas matrimoniales, horóscopos... Hoy inaugura en la sala Portas Ártabras de la Ciudad Vieja (hasta el día 30) su segunda exposición, en la que se incluyen las coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre. Son 40 láminas, cada una con su orla y su caligrafía esmerada. Martín Rosales quiere recoger este trabajo en un libro y sólo tiene un impedimento: «Es muy caro».