«La pena no es enfermedad»

R. D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

Entrevista | Luis Ferrer i Balsebre Escucha y trata mil y un dolores a diario. Por eso sabe que la tragedia sangra lágrimas. El psiquiatra Luis Ferrer habla de cómo dejar de llorar

22 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?n penas y alegrías poco nos distingue. Lo dice el jefe de Psiquiatría del Canalejo, Luis Ferrer. A diario pone oreja y consejo a tragedias brutales. Y, sin embargo, cotidianas. Como la que segó la vida a tres miembros de una misma familia en A Grela el pasado lunes. -¿Cómo asimilarlo? -Frente a cualquier pérdida significativa para el ser humano, real o simbólica, el aparato psíquico funciona de manera semejante: a todos nos da pena. Por pura economía psíquica se pasa por varias fases y lo primero que hay que contar es que van a aparecer determinadas características. -¿Qué se puede esperar? -La primera etapa es de sentimientos de negación. La frase es 'No es posible'. Hay perplejidad, agitación, aparecen sentimientos de culpa, siempre nos culpamos. Es una etapa de negación, -¿Y la depresión? -Viene después y es una etapa más larga. El rótulo que se le puede poner es 'Es verdad, ha pasado y no lo voy a superar'. Es una época de tristeza, de angustia, de evocación, se pierde la capacidad de proyectar el futuro sin esa persona... el sujeto se queda rumiante. -Pero hay salida. -Lo normal es que llegue el momento en que nos planteamos que la tragedia realmente ha sucedido, es verdad, pero hay que seguir viviendo. Y comienza la reconciliación con el entorno. se empieza a reconstruir la vida, las relaciones sociales... -¿Y lo anormal? -La pena no es enfermedad, pero pueden aparecer patologías propias. Lo llamamos duelo congelado. Personas que se quedan, que no evolucionan, que está toda la vida de luto, que conservan la habitación del hijo como si en cualquier momento fuese a entrar de nuevo por la puerta... Es la dificultad de asimilar una pérdida. Esto es lo que hay que vigilar desde el punto de vista clínico. -¿Y de qué depende? -Los duelos son más intensos o no en función de muchas cosas. De la propia persona, de cómo se produce la pérdida... No es lo mismo la muerte esperada, de un enfermo terminal, que la inesperada. Una pérdida brusca cuesta más asimilarla y puede provocar lo que se denomina síndrome de estrés postraumático: irritabilidad, sueños de repetición, hipersensibilidad... -¿Cómo puede ayudar la familia, los amigos? -Acompañando, estando ahí. Nadie puede pasar el duelo por uno. En ningún momento hay que evitar hablar de lo sucedido y no se deben generar conductas evitativas. Los médicos tratamos de explicar que lo que se está sintiendo es normal, la pena es lógica, y explicamos también por qué etapas se va a pasar. -¿Es posible superarlo solo? -Depende de la capacidad personal del individuo de adaptarse a situaciones bruscas. Lo claro es que los muertos hay que enterrarlos y siempre hay que pasar el duelo. Cuando no se pasa, peligro. La gente que permanece muy entera es porque está congelada.