Cuatro parejas coruñesas cuentan cómo y por qué contraerán matrimonio el 22 de mayo, el mismo día del enlace del príncipe Felipe y Letizia Ortiz en la catedral madrileña de La Almudena Los novios aseguran que la casualidad ha unido sus vidas a la Casa Real
15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Moncho y Sandra, Anxo y Marica, Marcos y Delia, y Manolo y Mili también existen. Son «los otros» Felipe y Letizia, los de A Coruña y comarca, y aunque no hablen de ellos en radios y televisiones ni hayan ocupado hasta ahora ninguna línea de periódico, las cuatro parejas han elegido para casarse el mismo día que el heredero de la Corona y la periodista asturiana. Pero los ocho dejan bien claro que los copiones no son ellos. Llevan meses planeando el gran paso, desde la reserva de la iglesia, el Ayuntamiento, y el restaurante hasta la luna de miel. Sin embargo, la inexorable cuenta atrás también persigue a estos novios y las bromas de sus familiares y amigos, también. Ningún alcalde les regalará una sopera de plata ni a ellas les diseñará el traje el turolense Pertegaz. Pero tampoco necesitarán guardaespaldas, ni caerle bien a Peñafiel y pueden pasarse con el champán en el banquete sin temor a infringir el protocolo. Sin embargo, quieran o no, sus enlaces, civiles o religiosos, quedarán para siempre unidos al de los futuros reyes de España. Moncho García, 29 años y operario de fábrica, se lo olía. «Cuando dijeron que el Príncipe y Letizia se casaban lo pensé: 'Ya verás como ponen la boda el mismo día que la nuestra'. Unos días después estábamos viendo la tele y empezaron a salir las letritas esas por debajo. El 22 de mayo. Nos quedamos de piedra. Y a los dos minutos empezaron a sonar nuestros móviles», cuenta el futuro marido de Sandra Martínez, una administrativa de 28 años, que eligió mayo para casarse porque él es «muy caluroso». Los dos subirán al altar después de la friolera de ocho años y medio como novios, en la iglesia de Cambre el sábado a las cinco de la tarde. «No nos van a hacer sombra», retan los prometidos. «Somos un poco artistas y moteros y nos conocen bastante en Cambre. La expectación no llega a la del Príncipe, pero en la comarca no te creas...», bromea Sandra. Se irán a Tenerife de viaje y vuelven a hacer de pitonisos: «A ver si vamos a coincidir también en el embarazo». Se enteraron de que ni más ni menos que Felipe y Letizia les pisaban su boda el mismo día de su pedida. «E xa nos dixeron de poñer unha pantalla xigante para ver o enlace real», comenta Anxo Barral, programador informático. Marica Diz, administrativa, será su mujer sólo una hora después que la periodista del Príncipe. Pero su boda la celebrarán en María Pita, vestidos con trajes tradicionales gallegos y al son de las gaitas. «É que ela tamén é profesora de canto e baile. De feito, coñecímonos nunha clase de pandeireta», explica Anxo. Como unas castañuelas, en este caso, se irán a Irlanda para recorrer el país en coche durante diez días. «Sempre recordaremos a data e non haberá escusa para esquencela», remata Marica. También son del club del 22 de mayo, pero las coincidencias con la pareja real van mucho más allá. Marcos tiene 36 años, como Felipe de Borbón, se apellida Ortiz, como Letizia, y le regaló una sortija de pedida a su novia, Delia de la Fuente, calcada a la que la periodista asturiana lució el día de su pedida. «Soy joyero y la diseñé yo. La mía quizá tiene los brillantes más cuadrados y no tan rectangulares como la suya», matiza. Confiesan que están «un poco hartitos» de la machacona cuenta atrás para el gran día y que no se cambiarían por Felipe y su prometida por nada del mundo. «Bueno, sólo por el presupuesto para organizar la boda», confiesa Marcos. Ya tienen los billetes preparados para poner rumbo a Bali y se han apuntado a clases de vals para abrir el baile con un poco de xeito. «Yo soy de la generación de la barra fija y de bailar no tengo ni la más remota idea», reconoce el novio. Lo suyo fue de vértigo. Se conocieron, se gustaron, salieron cuatro meses y se casaron. Mili Dobao tenía 17 años y Manuel Rico, 23. El sábado por la tarde renovarán sus votos en Las Esclavas, 25 años y tres días después de su primera boda, el 19 de mayo de 1979. «La primera vez no decidimos nada, éramos muy jóvenes y todo lo hicieron nuestros padres. Ahora será más a nuestro gusto», asegura Mili. Mira a su marido y saltan chispas, como las de los pimientos que se fríen en la cocina. «Tenemos un amor muy grande», confirma. «Ella era igual que Mireille Mathieu, una cantante francesa de aquella época que me gustaba», recuerda Manuel. «En un matrimonio hay que quererse y después saber pedir perdón y tenerse respeto», añade a modo de consejo para la pareja real. A su fiesta no irán cientos de invitados. Sólo 17. Y su hija, que también estuvo en la otra boda. «Es que me casé embarazada», explica Mili. El viaje que no tuvieron hace 25 años lo tendrán ahora. Cuba les espera. La dueña de la tienda de ropa y el trabajador de la fábrica están tan ilusionados que ni por un momento han pensado que la boda del siglo les chafe la suya. «Yo voy a bajar una tele a la tienda para verla», dice Mili. «Me encanta la gente que se casa por amor», añade. «Pues el Príncipe va apañado con el carácter que tiene esa chica», dice Manuel entre risas.