HERCULÍNEAS | O |
15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN LA RONDA de Nelle, a la altura del número no sé cuántos tirando hacia la calle Sinforiano López, se aloja un señor socavón, digamos que la catedral de los agujeros del asfalto, una impresionante boca sin dientes que recuerda muchísimo a El grito de Munch, relatan los expertos. El bachón es del tamaño de una trinchera y tan hondo como una bañera, canta mi sobrina Nuria. Todos los días, cuando nos aproximamos a su perímetro, cruzamos apuestas sobre si algún desalmado con un puñado de alquitrán sobrante habrá puesto fin a tamaña circunferencia. Por ahora resiste, el condenado cráter, y no saben lo mucho que lo agradece un mecánico de coches de cuyo nombre no puedo acordarme. Negocios aparte, ahí sigue el agujerazo, si me lo permiten nuestro bachito (tal es el cariño que le hemos cogido en la familia), rebosante de agua cuando llueve e inhóspito cuando luce el sol, que es casi nunca, para qué vamos a engañarnos. Mi sobrina Nuria, que a sus cinco añitos se nos ha radicalizado, puso en marcha una recogida de firmas para que a nadie se le ocurra tapiar este agujero negro de la galaxia asfáltica, y me ha dicho que mañana mismo cruzará el Atlántico para entregárselas en mano a un concejal de Honduras. laureano.lopez@lavoz.es