«Mangouras jugó con mi vida»

Pablo González
Pablo González A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

A tan sólo una semana de su jubilación, Díaz Regueiro recuerda el día en que arrancó los motores del «Prestige» y relata sus problemas con el capitán

21 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Serafín Díaz Regueiro, capitán marítimo de A Coruña, se jubila el próximo día 30. Atrás quedan duras jornadas en la oscuridad de las salas de máquinas de buques desahuciados como el Andros Patria . Pero sobre todo un día muy especial, aquel 14 de noviembre del 2002, cuando en medio de un fuerte temporal bajó desde un helicóptero a la cubierta del Prestige para arrancar los motores de un buque «herido de muerte» y a la deriva. Con él se inició una de las medidas más polémicas del Gobierno de Aznar. -¿Fue el peor día de su vida? -Tuve más casos, como el alejamiento del Andros Patria , un buque que estaba totalmente abandonado. Al Prestige fui porque me llamó mi amigo Ángel del Real. Al principio pensé que mi esfuerzo iba a ser el de un marinero más. Pero todo cambió cuando me acercaba en el helicóptero y vi aquel monstruo golpeado por las olas que parecía un caimán que se revolvía en un pantano. Me asusté un poco, pero la decisión ya estaba tomada. Pensé que era un caso más. -Y no lo era. -No. Cuando llegué a bordo me di cuenta de que era un estorbo. -Luego volvió al barco horas antes del hundimiento. -Sí. Ahí sí que me asusté porque vi que en la cubierta, en línea recta, ya se desprendía pintura. Se estaba agrietando y tuve miedo. -¿Esperaba que el barco se partiera o había esperanzas de que aguantara? -No, el barco estaba herido de muerte el primer día. Se habían desprendido las planchas más importantes. -¿Y aún así se decide alejarlo? -El barco tenía muchos problemas. La máquina no arrancaba porque no había presión de aceite, el filtro estaba atascado... -¿Pero hubiera tomado la misma decisión? -Sí, no tenía ninguna seguridad y además en ningún momento la tripulación colaboró conmigo. -¿Qué intención cree que tenían? -El barco iba derivando a la costa. -¿Querían encallar? -Posiblemente. El barco iba a la costa, pero tampoco se podía fondear porque derivaba a tres nudos. No juzgo intenciones, pero a mí lo que también me importaba era mi vida. Mi intención era ayudarles ante el peligro de hundimiento, encender la máquina y evitar el choque, pero ellos no colaboraron. -¿Si hubiera sabido todo esto, habría aceptado ir? -Sí volvería, pero con la Guardia Civil. -Un año después, ¿qué se podía haber hecho mejor? -Habría bajado con un capitán para que llevara el rumbo. También dos o tres personas más para la sala de máquinas. Y luego en Galicia se necesitan remolcadores con potencia. -¿Y llevarlo a Corcubión? -Quizás para poder meterlo había que tener buenos remolcadores porque su propulsión era muy mala. Pero el problema era que ya perdía fuel. -¿El rumbo noroeste cree que fue el adecuado? -Creo que el remolque hubiera sido mejor por popa. -Insisto en lo del rumbo, el barco iba directo a Inglaterra. -Ya. -¿Lo habría permitido si fuera británico? -No -¿Entonces sigue pensando que el rumbo fue el correcto? -Para nosotros sí. Ahí ya juegan bazas políticas. Yo no puedo meterme en ellas. -¿Qué opina de la situación de Mangouras? -La decisión del juez es la acertada. En lo que a mí respecta, tengo que decir que Mangouras jugó con mi vida.