Cuidado con el bañador

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

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Historias de A Coruña | El verano en la posguerra La advertencia de que en La Solana no se podrá jugar al tenis en traje de baño trae a la memoria de muchos épocas pasadas, donde esta vestimenta era objeto de especial vigilancia

17 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Una circular del Ayuntamiento de A Coruña de finales de los años 30 especificaba: «El traje de baño debe ser de tela de buena calidad, no transparente, que cubra el cuerpo sin ceñirlo y que reúna los siguientes requisitos. Las mujeres usarán trajes que lleguen hasta la rodilla, o bien enteros o compuestos de blusa y falda. Usarán, además, pantalones cuyos perniles tendrán como mínimo una anchura de 40 centímetros. El escote estará confeccionado de modo que nunca pueda separarse del cuerpo sus bordes, por muy virulentas y forzadas que sean las actitudes de quienes lo usen. Los hombres usarán pantalones cuyos perniles tendrán 40 centímetros de ancho y que acabarán cuando menos a 10 centímetros de las costillas». Entre las anécdotas de aquellos años, destaca la ocurrida en la playa de la Concha, en San Sebastián, con un guardia municipal, de aspecto fiero, que vigilaba el arenal provisto de una fusta para llamar la atención a los que usasen prendas provocadoras. Uno de ellos resultó ser una señora rubia de formas esculturales y bañador ceñido. El guardia se acercó a ella y le sacudió un fustazo en las nalgas. La bañista se enfureció, diciéndole al municipal, en un español forzado: «Sepa usted que soy la esposa del embajador del Führer en España y voy a denunciarle a sus superiores». El guardia le contestó rápido: «¡Cállate, que sois todas unas putas!» y le volvió a dar fustazos, si cabe con más furia. No se sabe qué fue del municipal, aunque algunos aseguran que acabó en un horno crematorio. Fuera del agua En 1951, una circular del Ministerio de Gobernación, publicada en todos los diarios gallegos al comienzo del verano, decía: «Se prohíbe la permanencia de bañistas en traje de baño fuera del agua, si no se cubren debidamente con un albornoz, ya que, como su nombre indica, el traje de baño es únicamente para bañarse, no para pasear con él por playas y paseos adyacentes. Se exceptúa de dicha prohibición la permanencia en solares, piscinas y playas con separación para personas de distintos sexos». De todas maneras, hay que destacar que en la primitiva Solana, a comienzos de los 50, no había especial vigilancia en estas limitaciones y podían bañarse juntos hombres y mujeres, eso sí, sin extralimitarse. Padre Ayala El padre Ayala, en Consejos a las jóvenes , publicado por Ediciones Studium en 1952, advertía: «Nuestros abuelos tenían los ojos muy abiertos y recelaban de cualquier cosa. Ahora, no. ¿Qué tiene de particular que vayan los chicos con las chicas a las playas? ¡Que vistan maillots que se ciñan a las carnes! ¡Que se tiren al agua y suban chorreando a la piragua y se agarren uno a otro para subir! Nuestros abuelos hubieran cogido una estaca y hubieran hecho una barbaridad. Ahora los papás son más comprensivos. Hay que dejar a los hijos solos en las playas y que reciban los rayos amorosos del sol. Así pasa lo que pasa». Añadía: «Los brazos desnudos, las espaldas desnudas, las piernas desnudas. Y lo hacen jóvenes educadas en colegios religiosos. ¿Se puede llegar a más sin llegar a la desnudez? ¿A dónde vamos por este camino?». En la Hípica, inaugurada en 1957, los conserjes, que solían ser sargentos jubilados, se encargaban de mantener «la moral y el decoro» en sus instalaciones. Uno recuerda de sus tiempos jóvenes como, a comienzos de los 60, uno llamó la atención a Sergio Peñamaría Suárez, que era el hijo del alcalde, por llevar como traje un slip ceñido.