Reportaje | La historia de la orquesta más internacional de los años 60 «Y, cuando llegamos a Japón, había 200 fotógrafos esperándonos». Habla José Luis Muñoz, componente del conjunto Los Españoles desde 1959. Es betanceiro
02 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?urante un concierto en Dinamarca, alguien del público gritó que lo que se hacía sobre el escenario era play back . Los Españoles hicieron callar a sus dieciocho instrumentos en tarima para demostrar que sí, que ellos cinco eran los culpables de ese sonido. En otra, esta vez en Córdoba, ante la sorpresa de los músicos, los asistentes echaron mano de algunas sillas para sentarse a contemplar la actuación. Los Españoles interrumpieron espectáculo. «Esta música tiene ritmo, es para bailar», dijo uno de sus integrantes. «No queremos bailar, queremos escuchar», contestaron desde el público. Quien recuerda es José Luis Muñoz Vales, betanceiro y uno de los componentes de la mítica orquesta que, durante la década de los 60, recorrió toda Europa, amenizó los Juegos Olímpicos de Japón en 1964 y pasó ocho meses de gala en gala en México. Para José Luis, todo empezó en 1957. Un conocido suyo, de Sada, le reclamó desde París. «Necesitamos un pianista y un bajista para darle un giro a nuestro grupo», le dijo. José Luis contestó que no, y siguió sus andanzas con la orquesta ferrolana Lamas La Piña. Dos años después, recibió otra misiva, esta vez desde Amsterdam. «Nos están comiendo los grupos italianos y queremos hacer algo nuevo», le explicaba. Y José Luis dijo que sí. A él se sumó Miguel Laiz, de León. Eran el bajista y el pianista que completaron, hasta llegar a cinco componentes, la orquesta Los Españoles. En Hamburgo Bajo la dirección del pontevedrés Moldes -único vivo, junto con José Luis, del mítico conjunto- desterraron los ritmos de la pandereta y las castañuelas que se estilaban y empezaron una aventura que arrancó con un contrato para ensayar una mezcla de pop y salsa y actuar en la sala Tarantela, una de las de mayor solera de Hamburgo. «Una vez, una señora se acercó a decirme que le gustaba lo que hacíamos. ¡Era María Victoria de los Ángeles!», recuerda un entusiasmado José Luis, que continúa el relato con el golpe de suerte que supuso para ellos el acuerdo con la discográfica Polydor para grabar su primer LP. Y de Hamburgo a Suiza. Hasta allí llegó un agente que llevaba meses recorriendo Europa en busca de Los Españoles. Lo hacía por orden de un campeón japonés de sumo -«no me acuerdo del nombre», reconoce José Luis- que había escuchado a la orquesta y quería contratarla. Así empezó la aventura asiática, que continuó en el año 1964 con un contrato para amenizar los Juegos Olímpicos de Tokio, en donde compartieron cartel -«con luces de neón nos representaban a cada uno con su instrumento»- con Los Platters. «En el aeropuerto, después de 29 horas de vuelo, nos esperaban doscientos fotógrafos y hasta un intérprete para la rueda de prensa», explica José Luis. Disolución La banda se deshizo, por problemas internos, en 1968. José Luis se trasladó a vivir a Mallorca, donde trabajó de contable a pesar de que siguió vinculado a la música y formó grupo con un pianista rumano. «Allí aprendí solfeo y a leer las partituras. Hasta entonces no sabía», cuenta. Con la jubilación tocó el regreso a Betanzos, su tierra natal. De aquellos años de fama internacional le quedan muchos recuerdos. José Luis matiza: «Y las llamadas, dos o tres veces al año, a Moldes».