Ni eran muñecos Digimon ni Pokemon, aunque lo parecían. Tiemin Chen, un ciudadano chino residente en A Coruña y con permiso de trabajo, se enfrenta a una condena de año y medio de prisión y a pagar una multa de 4.320 euros por un delito contra la propiedad industrial, del que fue juzgado ayer en la Sala de lo Penal número 4. El 6 de marzo del 2001, la Guardia Civil registró su comercio, situado en la calle Alcalde Asúnsolo, y encontró 2.590 juguetes falsificados almacenados en veinte cajas de cartón. Todos eran imitaciones de conocidos productos fabricados por las empresas Bandai y Nintendo, como los muñecos Digimon y las mascotas y personajes de Pokemon. Compra en China El acusado declaró que no conocía las marcas, que adquirió la mercancía en una feria de China para vendérsela a ambulantes y que llegó a España en un contenedor. «Compré los juguetes en China porque aquí salen más caros», explicó. «Ahora trabajo con ropa que consigo en Madrid», añadió. Su abogado señaló que toda la operación comercial de importación tenía los papeles en regla. Según los representantes y peritos de las empresas afectadas, Bandai y Nintendo, los juguetes que vendía Tiemin Chen en su tienda se asemejan a los originales, pero también presentan diferencias sustanciales. La primera en el precio, mucho menor en el caso de las falsificaciones. Además, la calidad era menor, los colores eran distintos, el acabado no era bueno, no reproducían fielmente a los personajes y no incluían etiqueta con la marca del fabricante ni el nombre del distribuidor, ni instrucciones en castellano. «Un niño no se da cuenta de que no es el juguete auténtico, pero el que lo vende sí», aseguraron. Legislación La defensa, por su parte, pidió la absolución para Tiemin Chen ya que éste no reconoce su firma en la factura de la importación y en el permiso de aduanas, y asegura que el traslado de la mercancía se gestionó desde China. Asimismo, su abogado alegó que el acusado de piratería no conocía la legislación española y que no ha ganado dinero con la operación comercial, que calificó de «ruinosa». También recordó que su cliente reconoció que había importado los juguetes y que los puso en venta al público, lo que demuestra que él no sabía que la mercancía era falsa.