Descenso a las entrañas de la bahía

Juan Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

En directo | El túnel de captación del Aquarium Finisterrae Las punta de lanza del túnel de captación del acuario es una tuneladora en la que trabajan tres hombres que se han pasado media vida bajo tierra

27 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Bajo el lecho marino de As Lagoas no se escucha nada. Sólo, de vez en cuando, las voces de Lucas y Kuido. «¿Claustrofobia? Nos hemos pasado la vida trabajando en túneles submarinos», aclara Lucas mientras pone a punto la tuneladora que agujerea la bahía. No parece que tenga siete metros de agua bailando sobre su cabeza, riendo las bromas de su compatriota belga mientras se cubre de aceite industrial. Allí, en el acuario, está la segunda entrada al centro de la Tierra, la que Verne no encontró para mostrársela al profesor Lindenbrook. Los dos se baten el cobre arañando metros al subsuelo coruñés. «Ya lo hicimos en Oviedo, Biarritz y en nuestro país», recuerdan alternando el español con el inglés y el alemán. Detrás descansa Abdullah, el tercero de los agujereadores, pero sonríe sin decir palabra. Los que sí hablan están en superficie. Son los técnicos de Necso que diseñaron palmo a palmo el miniviaje al centro de la tierra. «Esta roca cuesta mucho excavarla. Y eso que los discos de la tuneladora se fabricaron en Alemania con una aleación especial para deshacer este terreno», detallan los expertos de la constructora. Presurización El campamento de Necso hace las veces de puerta de entrada al subsuelo. Allí hay de todo, hasta cámaras de presurización. «No hay obras más difíciles que estas. Lo tienen todo: subterráneas, marítimas y en presión», añaden mientras señalan una cámara de presurización similar a la que puede necesitar un astronauta. «Las usamos cuando hay que cambiar los discos del topo y la utilizaremos cuando haya que rematar el trabajo en el fondo», responden. Abajo, a veinte metros de profundidad, los buzos ya han hecho su trabajo. Volaron la parte de roca donde concluirá el túnel y siguen inspeccionando el asunto. Su presencia sólo se advierte por las tres boyas de advertencia que flotan sobre el mar que rodea al acuario. Hasta allí llegará el túnel cuando alcance los doscientos metros. Hasta allí llegará el topo de Lucas, Kuido y Abdullah, que mide de largo como dos coches pero pesa como cincuenta. Hasta las rodillas Hasta donde están ellos sólo se llega de mono blanco, casco y katiuskas hasta las rodillas. Hace calor, y el aire que se respira es cada vez más escaso. Y lo será más a medida que avance la tuneladora. «La pendiente es de un 9%», informan los técnicos de Necso. Llegar hasta los tres agujereadores supone una carrera de obstáculos industriales con escaso margen de maniobra (el túnel tiene dos metros de alto). Les queda un mes para salir de allí. Lucas sonríe: «Mientras, vivimos bajo el mar y dormimos frente a él».