Una procesión de plañideras enterró la sardina en San Amaro

S. Basterrechea A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: KOPA

La quema del dios Momo y una sesión de fuegos artificiales cerraron el carnaval El cortejo fúnebre no pasó por la playa del Orzán por el partido de la Champions

25 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Puntual como si de un funeral inglés se tratase. A las 19.30 horas, como un clavo, plañideras y curas salieron de la Ciudad Vieja para dar digna sepultura a la sardina en la playa de San Amaro. Era la despedida del carnaval en una arena distinta a la del Orzán, la habitual. El cambio se hizo para evitar el encontronazo del antroido con la Liga de Campeones y quizá por eso, porque el fútbol tira, o porque el frío apretaba, el cortejo parecía batir el récord de velocidad y el pescado, sobre un todoterreno con la leyenda Alcantarillado, llegó a la plaza de España en un santiamén. Allí esperaba el dios Momo. Bajarlo de su trono en el mirador no fue tarea fácil. Mientras la grúa trabajaba, las viudas lloraban la suerte del pescado, pero con abrigo de pieles, boquilla de las muy largas y liga roja, y los curas hablaban por el móvil y ojeaban revistas X. «Menudo entierro», se oía entre los vecinos que se congregaron en la plaza. Porque, pronto, la comitiva fúnebre se convirtió en un jolgorio en el que bailaban hasta los miembros de Protección Civil. Al son del No me llames iluso , de La cabra mecánica, la grúa logró poner al dios Momo, un cerdo con corona, a ras de suelo. Junto a la sardina emprendió camino calle de la Torre arriba. Los coruñeses siguieron el ataúd con la misma devoción que un paso de Semana Santa, sólo que al ritmo de salsa que marcaba la carroza de músicos. El cortejo se detuvo en la playa de San Amaro. Plañideras, curas y curiosos se despidieron de la sardina en la orilla. Mientras, el dios Momo se despedía del carnaval: «La cuaresma me oprime el estómago. Sardina de mi vida, raspa de mi corazón, contigo entierro el chorizo, la oreja y el lacón», clamaba desde su trono, voz en off. La quema del símbolo del carnaval, que prendió hasta hacerse cenizas, y la sesión de fuegos artificiales pusieron el broche al entierro entre los acordes apocalípticos del Carmina Burana, Carmen y el Réquiem de Mozart. Quejas de los conductores El paso del cortejo fúnebre, que obligó a cortar al tráfico las calles del recorrido, provocó el disgusto de los conductores que intentaban acceder a la calle de la Torre y a las zonas de Adormideras y San Amaro. «Si en estos momentos se produce un accidente y tiene que entrar una ambulancia al polígono de Adormideras, no podría hacerlo», relató un automovilista.