Hermanadas por amor

Ángel Varela A CORUÑA

A CORUÑA

EDUARDO

Reportaje | Una gaditana y un coruñés simbolizan el enlace de las dos ciudades Elena y Alfonso, casados desde el año 2000, aplauden el plan de unir A Coruña y Cádiz

22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?e enamoraron porque siempre eran los últimos en irse del pub. Corría 1996, y ella, Elena Mancha, se había instalado en A Coruña para ocupar un puesto como inspectora de trabajo. Él, Alfonso Rabuñal, nunca había pisado Cádiz: «A primeira vez que fun alí viñéronme dúas palabras á mente: claridad e llanura. En todo Cádiz sólo hai unha costa. Despois lin os versos que Alberti lle dedicou a cidade, chamándolle 'la salada claridad'. Acertou totalmente». El ahora marido coruñés (aunque nacido en Arteixo) no sólo se asombró ante la ciudad más antigua de Occidente (se calcula que los fenicios construyeron el primer asentamiento urbano hace 3.000 años), sino que también quedó marcado por la filosofía vital de los gaditanos. «Alí funciona máis o carpe diem que aquí. Os seus habitantes non están tan preocupados polo futuro e non se obsesionan, por exemplo, por cousas como aforrar, ó contrario que algunha xente de aquí». Por contra, a Elena A Coruña no la cogió tan de sorpresa: «Había venido de vacaciones cuando tenía 14 años, y cuando volví a trabajar me gustó de entrada el carácter gallego. Quizá le falta la chispa gaditana, pero tiene otras virtudes como la gran corrección con que te trata todo el mundo. También tengo que decir que el tópico de que nadie es forastero es cierto. La gente es muy abierta. Lo que no me gusta tanto es la lluvia». Ya con dos hijos que se mueven entre el acento andaluz y el gallego, Alfonso y Carlos, el matrimonio gaditano-coruñés no se plantea irse de la ciudad, aunque Rabuñal afirma que no tendría problemas para residir en Cádiz si las circunstancias así lo obligasen. «As dúas cidades son moi parecidas, e o calor trae ventaxas como o sabor da cerveza, que provoca que alí estexa máis rica», explica entre risas. El poco tamaño de ambas ciudades, su configuración geográfica de península, la influencia de la vida marinera e incluso el vino blanco (manzanilla en el caso de Cádiz y ribeiro o albariño en el coruñés) son algunos de los parecidos que Elena Mancha y Alfonso Rabuñal encuentran entre sus patrias chicas. Desde hace tres años Cádiz y A Coruña tienen uno más: el amor de una pareja.