Federico Sánchez es el cirujano que vio desde el primer momento que había que intentarlo. «El tumor estaba muy extendido, afectaba a los intestinos, al bazo..., pero en principio era operable; descartarlo era condenarla a muerte, había que hacerlo, después al abrir ya se vería hasta dónde se podía llegar». Con amplia experiencia -hace apenas unos meses extirpó un cáncer de nueve kilos de peso a una mujer a la que había intervenido cuatro años antes para retirarle otro de siete-, en la mesa de operaciones Sánchez se encontró lo que se veía en el escáner: tuvo que cortar medio intestino grueso, 48 centímetros del delgado, un bazo que triplicaba ya su tamaño normal, la vesícula biliar y un trozo del hígado. «Ha salido de una muerte segura -explica-, si no la operábamos, no llegaba a Nochebuena, hubiese fallecido antes y no por el cáncer, sino por la obstrucción del intestino, que en dos o tres días se perforaría». Con moderación, el especialista se manifiesta «optimista» porque Natasha está asintomática y la quimio suele dar buenos resultados en este tipo de tumores. Por lo pronto, la satisfacción reina: «No hay que perder la esperanza», dice.