Crónica de un atasco anunciado

El fútbol triplica el número de coches que entran en la ciudad y colapsa la circulación La Policía Local cree que la tercera ronda solucionaría las retenciones en los días de partido


a coruña

Suena el intercomunicador de la Sala de Control del 092. Es la crónica de una pesadilla que pide cita todas las semanas en la agenda de decenas de miles de conductores. «La avenida de Arteixo tiene fuertes retenciones. A ver si puedes alargar el semáforo para desbloquear esto», pide un agente a pie de calle. Marcos, el policía que se ocupa de las 27 cámaras repartidas por toda la ciudad y del ritmo de sus semáforos, observa antes de actuar un gran mapa de A Coruña lleno de líneas verdes (tráfico fluido), amarillas (denso) y rojas (atasco). No es que lleguen por sorpresa los Rolling Stones a dar un concierto gratuito. Es un partido de fútbol previsto, que colapsa las venas de la ciudad cada siete días. No puede aceptar lo que le pide su compañero, porque abrir ese semáforo cortaría en ese momento Juan Flórez y el resto de la ciudad caerían como un dominó. Ajedrez Trabajar en la Sala de Control durante un día de partido como el de Liga de Campeones de ayer es como jugar al ajedrez contra Deep Blue y Kasparov a la vez. Las estadísticas asustan a los profanos: por donde un día normal a las ocho pasa un coche, en día de partido pasan tres. El número de vehículos que entra en la ciudad a esas horas pasa de 10.000 a 30.000. Si llueve, el tráfico aumenta otro 50%. La policía sabe que pasará, pero el asfalto no. Y todo se colapsa. «La tercera ronda», suspira Marcos. El bypass que necesita A Coruña para su circulación se cuela en los sueños de la Policía Local. «Enlaza directamente con Manuel Murguía -la calle del estadio municipal de Riazor-. La gran mayoría de la gente entraría y saldría por ahí, dejando las otras vías libres», explica Marcos. Mientras no llegue la ronda, que absorbería el tráfico procedente de la comarca, Pocomaco y A Zapateira, por ejemplo, la policía se desvive por dejar libres intersecciones como la de la avenida de Arteixo con la ronda de Outeiro. A las ocho y media las líneas rojas se multiplican. Luego llega el aparcamiento. El 092, centrado en ese momento en colaborar más que en multar, suele obviar las infracciones. Y a la salida del fútbol, atasco inmediato en la ronda de Outeiro y Rubine. «Hay veces que ni siquiera desde aquí puedes hacer mucho», se lamenta Marcos.

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