?l acto de presentación de la jornada de poesía se convirtió ayer en una narración de las vivencias de uno de los homenajeados, Alejandro Finisterre. Agradeció la iniciativa a la vez que se mostró cauto y modesto cuando rechazó las declaraciones de Pazos, que le calificó de «maestro» para recalcar que ha sido aprendiz de pocas cosas y maestro de ninguna porque, según él, la verdadera ilusión que tenía «era la de ser arquitecto». El «hijo predilecto de Finisterre», tierra en la que nació y que hace unos años dio su nombre a una de sus calles, recordó y contó sus peripecias, en las que abundaron los recuerdos de su herida por una bomba durante la Guerra Civil, así como su exilio a Guatemala, país en el que se convirtió en uno de los editores de los poetas gallegos.