Marqués, liberal y general a los 21

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

EDUARDO

Personajes coruñeses | Juan Díaz Porlier Nació en Colombia y lo ajusticiaron en la coruñesa plaza de España en 1815 por su oposición al régimen absolutista y defender la Constitución de Cádiz

20 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

«Hombres sensibles a la gloria, respetad las cenizas de un patriota desgraciado». Con esta frase, enunciada en su testamento, quería el general Porlier ser enterrado, tras su ejecución en A Coruña el 3 de octubre de 1815. Había nacido en Cartagena de Indias (Colombia) en 1788, hijo ilegítimo del capitán Esteban Porlier, primogénito de los marqueses de Bajamar, de quien heredaría el título en 1814. Cuando vino al mundo, sus familiares trataron de ocultar la identidad de su progenitor, anteponiéndole el apellido de Díaz al de Porlier. Esteban Porlier y su hijo alcanzaron el empleo de general en la Guerra de la Independencia. Mientras el primero mandaba la División Auxiliar de Galicia y el segundo la denominada Cántabra, combatieron juntos en Asturias y Santander. Cuando apenas contaba 21 años ya era general (fue mariscal a los 27). Estaba casado con María Josefa Joaquina Queipo de Llano, hija del conde de Toreno. El matrimonio tuvo seis hijos. Porlier se hallaba muy unido a A Coruña en donde, durante la guerra contra los franceses, había organizado cuerpos volantes que operaron con notable éxito en la retaguardia de los enemigos en Asturias, Santander y el País Vasco. Proceso Al terminar la guerra, se encontraba en Madrid y era uno de los más asiduos contertulios de cuantas reuniones se celebraban de descontentos con el régimen absolutista. Al descubrirse su correspondencia y tras un breve proceso, en el que se demostró su filiación política, fue condenado a cuatro años de suspensión de empleo y mitad de sueldo y reclusión en el castillo de San Antón. Primero lo encerraron en el Cuartel de Noviciado, en Madrid. En agosto de 1815 y pretextando motivos de salud, Porlier solicitó permiso para tomar los baños en el balneario de Arteixo, donde estaba su esposa. Camino de esta villa, se detuvo en Pastoriza en la casa de su amigo Andrés Rojo. Allí decidió dar un golpe de mano y, capitaneando la escolta que le habían asignado para custodiarle, entró en A Coruña al grito de «¡Viva la Constitución de Cádiz! ­Fernando, rey constitucional!». Fracasado el pronunciamiento, Porlier fue entregado al capitán general. Juzgado por la Real Audiencia de A Coruña, se le condenó a la pena de muerte en la horca, siendo ejecutado el 3 de octubre de 1815 en el Campo de la Leña (hoy Plaza de España). Ya en la década de los 80 del siglo XX, el Ayuntamiento coruñés erigió una estatua del joven general liberal en el mismo lugar en que fue ajusticiado. Asimismo, existe una fundación con su nombre que perpetúa su pensamiento y la defensa de las libertades. También, durante la República, el Cantón Pequeño se llamó Cantón de Porlier.