Niños

VÍCTOR OMGBÁ

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CIERTO DÍA fui llamado a instruir a los niños en un programa, Luditarde, que organizaban las APAs y el Ayuntamiento de A Coruña. Se trataba de acercar a la realidad africana, durante unas semanas, a los más jóvenes y, de paso, enseñarles juegos de mi continente; cómo niños y niñas africanos de su misma edad (de tres a seis años), se divierten allá. Fue una experiencia inédita. Al principio, me había hecho a la idea de que romperían a llorar a mares nada más verme. Los niños son imprevisibles; no tienen aún afilada la lengua de la hipocresía. La idea de que, tal vez, no habían visto nunca a un negro en carne y hueso, me torturaba. Sobre todo porque aquellos días acababa de vivir, en un supermercado, un suceso extraño: Un niño se puso a berrear y quedó paralizado al verme surgir detrás de una estantería. Pensé que aquella escena se repetiría. Pero me equivoqué. Acabamos la tarde correteando de un lado a otro como auténticos colegas. Esos enanos, con cariño, me enseñaron que las barreras raciales, el rechazo hacia el otro, el miedo a lo desconocido, la discriminación, el racismo, no forman parte de su vocabulario, palabras inventadas y utilizadas por los mayores. ¿No dicen que en cada mayor hay un niño escondido?