Demasiados aviones para Antonio

Toni Silva CULLEREDO / LA VOZ

A CORUÑA

Antonio, a escasos metros de su casa, soporta el incremento de tráfico aéreo por el cierre temporal de Lavacolla.
Antonio, a escasos metros de su casa, soporta el incremento de tráfico aéreo por el cierre temporal de Lavacolla. Ángel Manso

Vecinos del entorno de Alvedro sufren el trasiego al duplicarse el tráfico aéreo

16 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si hay más vuelos en Alvedro, en casa de Antonio hay más ruido. Todo el día. Desde su cama asegura que saluda al piloto cada mañana. Porque vive junto a la cabecera sur del aeropuerto. «Ya intento salir de casa porque el ruido ahora es constante..., y no abras una ventana», lamenta Antonio Seijas, quien apostilla que su vivienda estaba aquí antes que el aeródromo.

Además, es la única sin insonorizar de toda esta zona. Él no se mostró conforme con las consecuencias estéticas de la obra y reclamó una modificación que no fue atendida. «Tengo cinco ventanas al frente y me decían que me insonorizaban tres, ¿qué sentido tiene eso?», se pregunta. El año pasado intentaron consensuar las obras, pero durante esa temporada Antonio tenía otra prioridad: una operación de corazón. «Me llamaron varias veces por entonces y yo les dije que no era buen momento». Pero el momento pasó y ahora es él quien no consigue contactar con la empresa. «Ya me han dicho que a lo mejor ha quebrado, el caso es que ya me es imposible hablar con ellos», señala.

Así, desde que el aeropuerto de Lavacolla echó el cierre por obras y traspasó su tráfico a A Coruña, Antonio intenta estar en casa lo menos posible. A los aviones habituales se suman ahora los de Sevilla, Málaga, Palma de Mallorca, Londres o París. Las ventanas de Antonio enfocan hacia la rúa Liñares, que corre paralela a la pista. «Mi casa no está a más de 300 metros, ¿cómo no voy a oír tanto ruido?», dice.

No muy lejos de allí vive su hijo Abraham, cerca de la Casa do Concello de Culleredo. Considera que la suya no es una situación tan sangrante como la de su padre, pero reconoce que durante los últimos días (y así será, en principio, hasta el 27 de mayo) «se está haciendo muy difícil hablar por teléfono en casa, tengo que parar las conversaciones y esperar que pase el avión, y ahora a todas las horas». «Después de tantos años ya me había acostumbrado al ruido, pero ahora son demasiados aviones, no dan respiro», señala. Añade que el plan de insonorización acústica no ha llegado aún a esta zona.

Oleiros es otro de los municipios afectados por la huella sonora. La casa de José Manuel López, un vecino jubilado de Montrove, marca en el mapa el principio de afectación por el paso de los aviones. «En esta zona ya estamos habituados a este trasfondo con un zumbido constante, claro que ahora hay mayor tráfico, incluso de madrugada, ese sí que afecta más», señala este exfuncionario que habla con tono de resignación por vivir en una zona tranquila, pero afectada por la servidumbre aeronáutica. «Hay que soportarlo, no queda otra. La agencia estatal poco hace por esta zona. Ya hicimos alegaciones y el Ayuntamiento está apoyando mucho, pero de momento no hemos conseguido que nos aíslen las ventanas. Es un mal de todos los vecinos», lamenta José Manuel.

Pero no son pocos los que tienen una convivencia más afable con el aeropuerto. Volvemos a Culleredo, muy cerca de la pista de Alvedro, donde vive Vítor Manuel Migués, profesor de la USC. Reconoce que durante el fin de semana «percibo el doble de movimiento, mientras que de lunes a viernes el cambio es mucho menor». Apunta que desde la última obra de prolongación del aeródromo hace casi diez años, «el sonido de los aviones ha disminuido, al ser la pista más larga los motores no salen tan estresados», indica. «Para ser sincero, me generan más trastorno algunos coches o motos que los aviones, el aeropuerto me deja dormir y descansar», concluye Vítor Manuel.