PLAZA PÚBLICA | O |
14 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LAS ACEPCIONES enriquecen los idiomas. Un significado, sin más, es sólo propio de algunos idiomas no latinos, porque con la imaginación desbordante de nuestras culturas no es que sólo nos pasemos -con la añadida dificultad del aprendizaje de la lengua- sino que en ese afán nos alejamos en exceso del tronco y, algunas veces, hasta no se entiende lo de acepción. Leí el sábado que tras una dura y febril negociación se había obtenido fumata blanca para la confección de carteles compatibles de los coincidentes eventos taurinos y futbolísticos de las fiestas de Teresa Herrera. Era de cajón solventarlo. Lo de febril me supongo sería en su acepción de afanosamente, pues la vehemencia y violencia no parece que sea. Es igual, si hasta estará correctamente redactado con el diccionario en la mano. Lo que digo yo es que los respetados académicos proponentes de estas acepciones, sólo hablaban de oído. Estar febril es un estado en que lo más fuerte de nuestro organismo, nuestras defensas, reaccionan frente a un invasor. Y el hecho es tan puntual y trascendente que, mientras sucede, el cuerpo no está para otras cosas. Finalizada la batalla, se pasa a otro estado de «agotamiento de brazos caídos». ¿Qué tiene que ver esto que les cuento con sus acepciones?